TRASCENDENTE
8 de septiembre de 2026
CELOS Y RESENTIMIENTO: EL CLIMA INTERNO QUE DIVIDIÓ AL HOCKEY TRAS EL FENÓMENO MESSI
La histórica consagración de Las Leonas en la cima del deporte internacional quedó completamente opacada por una tormenta de proporciones bíblicas tras las declaraciones de María José Granatto en la pantalla de televisión.
La delantera del seleccionado nacional visitó los estudios de la señal deportiva y desató un terremoto mediático al relativizar públicamente el saludo de felicitación enviado por Lionel Messi al plantel, generando una polarización extrema en el ecosistema digital y reavivando el debate sobre los límites de la soberbia frente a la idolatría popular en el deporte argentino.
Durante la entrevista televisiva, al relatar la intimidad de los festejos y la expectativa generalizada que existía entre sus compañeras por obtener un reconocimiento de la máxima figura del fútbol mundial, la jugadora intentó bajarle el precio al impacto de la noticia con una frase que cayó como un baldazo de agua fría en las redes sociales. Lejos de mostrarse conmovida por el gesto del capitán de la Albiceleste, la hockista argumentó que el plantel valoraba infinitamente más el respaldo de las leyendas históricas de su propia disciplina, sentenciando que la historia propia del hockey sobre césped femenino es muy superior y que no se le debía otorgar tanta relevancia al saludo del astro rosarino.
El impacto del archivo audiovisual fue inmediato y se expandió a una velocidad vertiginosa por las plataformas de X e Instagram, donde miles de usuarios y fanáticos del deporte transformaron el tema en tendencia nacional. Por un lado, una marea inmensa de detractores cruzó con dureza a la delantera, tildándola de soberbia, desubicada y carente de noción sobre el pulso popular. Desde esta óptica, los críticos señalaron que intentar competir o desmerecer la figura global e intocable de Messi constituye una falta de respeto imperdonable hacia el deportista más importante de la historia nacional, acusando a la jugadora de buscar un protagonismo innecesario a través de la polémica.
En la vereda opuesta, un sector combativo de simpatizantes, jugadoras y allegados al deporte amateur salió a blindar a la deportista con argumentos de fuerte contenido reivindicativo. Quienes defendieron su postura aseguraron que sus dichos fueron sacados de contexto de manera maliciosa por el periodismo sensacionalista y remarcaron que el único propósito real de la delantera era enaltecer el sacrificio a pulmón, la autogestión y el legado inquebrantable de pioneras como Luciana Aymar o Mercedes Margalot. Según esta mirada, el hockey femenino construyó una dinastía de campeonatos mundiales y medallas olímpicas a base de esfuerzo invisible, sin los privilegios económicos, la exposición mediática ni la red de contención estructural de la que goza el fútbol profesional masculino.
Más allá del repudio masivo en las redes, el terremoto provocado por las declaraciones de Majo Granatto dejó al descubierto una fibra íntima mucho más compleja, profunda y silenciosa dentro del propio ecosistema del hockey sobre césped: un trasfondo evidente de celos institucionales, incomodidad interna y cierto resentimiento acumulado frente a la omnipresencia avasallante del fútbol masculino. La necesidad constante de validación frente a una disciplina que acapara el noventa por ciento de los recursos, la atención de los sponsors y el fervor popular genera en los deportes olímpicos y amateurs una sensibilidad extrema que suele estallar ante la menor provocación.
Dentro de este clima de celos, quedó expuesto cómo el mundo del hockey sintió una especie de desvalorización silenciosa al ver que, tras ganar una copa del mundo, la atención pública parecía volcarse en saber si el diez las había saludado o no, desplazando el mérito deportivo puro. Mientras que puertas adentro los planteles se consagran en la máxima élite mundial a base de sacrificio y una exigencia física implacable, la sombra gigante de la pelota interrumpe cada festejo con la exigencia tácita de rendirle tributo al ídolo máximo. Esa asimetría histórica provoca que algunas referentes vivan con profunda molestia el cholulismo generalizado que incluso cruza las puertas de los propios vestuarios, donde parte del ambiente sintió que se menospreció la dimensión de su propia gloria.
El conflicto latente expone una fibra íntima muy sensible en la cultura deportiva del país, donde conviven dos realidades absolutamente disímiles. Por un lado, la devoción cuasi religiosa hacia las grandes figuras del fútbol que paralizan a la sociedad entera; por el otro, el reclamo histórico y constante de las disciplinas olímpicas y amateurs que exigen un reconocimiento genuino a sus propios próceres sin tener que rendirle tributo permanente a la hegemonía de la pelota. El episodio deja en evidencia que la gloria deportiva no siempre viene acompañada de paz mediática, transformando una conquista histórica en un campo de batalla cultural sin retorno, donde la frase de la delantera funcionó como un espejo incómodo de una tensión estructural no resuelta: la lucha perpetua de un deporte dorado por reclamar su propio espacio de respeto sin mendigar la aprobación de la cultura futbolera.
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Por Gustavo andres Lis orgulloso periodista independiente WHATSAPP3424344410

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