El servicio ruso de defensa del consumidor, Rospotrebnadzor, dio por terminadas este jueves 8 de octubre las medidas preventivas adoptadas en la región siberiana de Irkutsk tras la muerte de Daria Shipílova, de 28 años, empleada del Instituto de Investigaciones de la Peste de Irkutsk y el Lejano Oriente. El organismo informó en su web de que los más de 5.500 análisis clínicos no revelaron microorganismos peligrosos y de que la situación sanitaria es "tranquila".
El texto no responde, sin embargo, a la pregunta central: de qué murió Shipílova. Las autoridades sostienen que fue una "neumonía de etiología desconocida", es decir, que el agente que la provocó no ha sido identificado. Rospotrebnadzor desmintió además los rumores sobre un segundo caso y afirmó que la mujer fue la única fallecida.
Según el organismo, las pruebas incluyeron exámenes bacteriológicos, biológicos, genético-moleculares y espectrometría de masas, con la participación de cinco organizaciones, tres de ellas estrictamente científicas. Entre ellas, el servicio identificó dos casos de covid-19 y otros dos de infección por rinovirus, patologías comunes que no entran en la categoría de agentes peligrosos.
Rospotrebnadzor rechaza también que el origen esté en el instituto donde trabajaba la joven. Afirma que no hubo accidente ni violación de las normas de seguridad en el manejo de patógenos y que Shipílova estaba vacunada y tenía una fuerte inmunidad frente a enfermedades infecciosas peligrosas. La familia y los compañeros de la fallecida han negado igualmente que se produjera un accidente con microorganismos, y su madre descartó esa hipótesis.
La alarma se desató a comienzos de octubre, cuando Shipílova fue hospitalizada con un cuadro respiratorio grave y murió. Cinco hospitales de Irkutsk quedaron en cuarentena y unas 200 personas, bajo control médico. La confusión creció cuando el gobernador de la vecina república de Buriatia, Alexéi Tsydénov, publicó que la trabajadora había muerto de peste y después añadió "posiblemente", sin explicar en qué pruebas se basaba. El gobernador de Irkutsk, Igor Kobzev, habló desde el principio de una neumonía de origen desconocido.
Los medios informaron en un primer momento de que la paciente había contraído la bacteria Yersinia pestis en Tailandia, de donde había regresado recientemente. El Departamento de Control de Enfermedades tailandés indicó que está en contacto con la Organización Mundial de la Salud (OMS), pero no confirmó el viaje.
La OMS pidió el miércoles más datos sobre el trabajo profiláctico y las cuarentenas. Subrayó que no disponía de una imagen completa de lo ocurrido y que no podía realizar una evaluación completa del riesgo. Su portavoz, Christian Lindmeier, había señalado antes que el organismo no había recibido una notificación oficial a través del Reglamento Sanitario Internacional y que la causa de la muerte no estaba confirmada. La OMS estimó el riesgo entre moderado y bajo para Irkutsk, bajo para Rusia y muy bajo para Europa, con la advertencia de que puede cambiar si aparecen nuevos datos.
Rospotrebnadzor asegura que informó "en su debido momento" a la OMS y que le entregó "información completa", incluido el envío de datos a los 14 Estados miembros que lo solicitaron formalmente. El comunicado no precisa fechas ni el cauce utilizado, de modo que la discrepancia entre ambas versiones sigue abierta. El organismo agradeció las ofertas de ayuda de varios países, pero sostuvo que Rusia tiene recursos y experiencia para responder, y denunció una "presión informativa sin precedentes", con difusión de información falsa desde el extranjero.
El episodio atrajo la atención de Washington, Beijing y Ulán Bator. Un funcionario del Departamento de Estado dijo a EFE que Estados Unidos mantiene contacto con Moscú desde el viernes 2 de octubre. El martes, el presidente Donald Trump ofreció ayuda "en todo lo posible" y anunció que hablaría con Vladímir Putin. Según EFE, descartó después que el origen sea un arma biológica y afirmó que Moscú asegura tener la situación "totalmente bajo control".
La desconfianza internacional tiene antecedentes. En 1979, un escape de esporas de ántrax en Sverdlovsk, hoy Ekaterimburgo, causó decenas de muertes. Las autoridades soviéticas lo atribuyeron durante años a carne contaminada y no reconocieron el origen militar hasta 1992, con Borís Yeltsin en la presidencia. Nada de lo informado hasta ahora vincula el caso de Irkutsk con actividades de ese tipo.
El instituto donde trabajaba Shipílova estudia microorganismos peligrosos, entre ellos la bacteria de la peste. Según la OMS, la zona de Irkutsk es un área donde la enfermedad puede aparecer de forma natural en animales silvestres. La forma neumónica es la más grave porque se transmite entre personas por gotas respiratorias. Sin tratamiento, la OMS le atribuye una mortalidad de entre el 30% y el 100%, con una incubación que puede ser de solo 24 horas. Los antibióticos la curan si se administran a tiempo.
El cierre del dispositivo sanitario despeja el riesgo inmediato de contagio, pero deja intacta la incógnita de fondo. Mientras Rusia no identifique el agente que mató a Shipílova y no comparta las pruebas con la OMS, la tranquilidad que proclama Moscú dependerá de su palabra y no de datos que terceros puedan contrastar.