El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, concluyó este jueves en Lisboa una gira por Islandia, Grecia y Portugal con un mensaje común a las tres escalas: Washington quiere una Europa que asuma su propia defensa. El viaje, del 5 al 8 de octubre, coincidió con la presión de la Administración de Donald Trump para que los aliados aumenten el gasto militar en la OTAN.
La gira empezó en Reikiavik. Fue la primera visita de un secretario de Estado a Islandia desde la de Antony Blinken en 2021 y llegó dos semanas después del acuerdo de seguridad que Washington selló con Dinamarca y Groenlandia. Islandia carece de fuerzas armadas y depende de la OTAN y de un tratado bilateral de defensa firmado con Estados Unidos en 1951.
En el aeropuerto de Atenas, antes de volar a Lisboa, Rubio declaró: "Queremos una Europa fuerte". Sostuvo que la alianza será más sólida cuanto más lo sean sus miembros en los planos social, económico y militar. En la capital portuguesa fue más lejos: dijo que no habla solo de defender a Occidente militarmente, sino "culturalmente". En Grecia ya había afirmado que la civilización occidental está en un momento decisivo y había llamado a Europa a salir de su parálisis.
El miércoles, durante el sexto diálogo estratégico entre Washington y Atenas, Rubio anunció un acuerdo de intercambio de información sobre narcotráfico y terrorismo. Este jueves, el portavoz del Gobierno griego, Pavlos Marinakis, informó de ventas de material militar estadounidense por USD 4.000 millones mediante el programa Foreign Military Sales. No se han detallado públicamente los sistemas incluidos.
Junto al ministro de Exteriores portugués, Paulo Rangel, Rubio calificó la guerra de Ucrania de "extremadamente peligrosa". Afirmó que no hay solución militar y que el estancamiento solo puede resolverse por la vía negociadora o mediante una escalada que implique a otros países. Esa escalada, advirtió, podría incluir una campaña de sabotaje en vecinos miembros de la OTAN. Washington sigue dispuesto a facilitar un acuerdo, pero no a invertir en "procesos inútiles".
Kiev, por su parte, dijo en septiembre, por boca del jefe de la Oficina de la Presidencia, Kyrylo Budanov, que prepara para octubre una nueva ronda de negociaciones en formato trilateral. No precisó fecha ni sede.
El otro asunto de la visita fue la base de Lajes, en las Azores. El 28 de febrero, Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva a gran escala contra Irán. Lajes, regida por el tratado bilateral de 1951, es un nodo de tránsito de las fuerzas estadounidenses. A diferencia de España, el Gobierno portugués de centroderecha concedió una autorización condicional para usarla.
El Ejecutivo sostiene que Washington solicitó el uso de la base después del ataque y que Lisboa lo autorizó con condiciones que se hicieron públicas. El Bloco de Esquerda presentó una denuncia en abril y la Fiscalía abrió a comienzos de octubre una investigación sobre la legalidad de esa autorización.
Rubio aseguró que existen "protocolos vigentes" sobre las bases y que Estados Unidos "siempre" los cumple, sin dar detalles. Rangel precisó que no se habló del futuro de la instalación ni de un refuerzo de la presencia estadounidense. Amnistía Internacional había pedido que Lajes no se use para crímenes de guerra. Rubio la calificó de "fraude" y dijo que debería centrarse en los crímenes del régimen iraní contra su población. El miércoles, unas 300 personas protestaron en Lisboa contra su visita.
El secretario de Estado también defendió que Portugal compre el F-35: "Queremos que compren el F-35 y creemos que es el mejor avión del mundo". Añadió que la decisión corresponde a Lisboa. Rangel confirmó que sigue pendiente y que su Gobierno estudia la oferta junto con otras. El jefe de la Fuerza Aérea portuguesa ya había señalado el F-35 como opción preferida para sustituir a los F-16, que podrían operar hasta 2030, y situó la adquisición después de esa fecha.
Rangel recordó que Portugal alcanzó en 2025 el 2% del PIB en gasto militar. Los aliados acordaron ese año, en la cumbre de La Haya, llegar al 5% en 2035. Rubio rechazó que pedir más inversión sea una actitud hostil. Sobre China, advirtió contra la dependencia excesiva de un solo país y contra las inversiones que comprometan sectores estratégicos, en particular telecomunicaciones y biotecnología. Rangel anunció una ley para reforzar el control de inversiones conforme al marco europeo, sin dirigirla contra ningún país.
Lisboa queda así ante tres decisiones que se condicionan entre sí: qué caza compra, cómo justifica ante sus tribunales el uso de Lajes y cuánto gasta en defensa. Las tres dependen de su relación con un aliado que pide más autonomía europea y, a la vez, más compras y más acceso.