CULTURA
27/07/2024
El inventario de mi vida, un largo y sinuoso camino de lector a escritor
Fuente: telam
El autor de “Las cosas que empecé de grande” cuenta aquí una desafiante travesía plena de avatares que lo condujo a la publicación de su tercer libro, al que irónicamente llamaba “mesa de saldos”
Uno era un texto sobre mi tortuosa experiencia en el taller que dictaron en el 2002 Juan Forn y Guillermo Saccomanno en Barrio Norte; otro hablaba de una linda historia con mi vecino de Castelar, el escritor Eduardo Sacheri; el tercero era un retrato de la poeta de Hurlingham, mi amiga Moni Hoqui.
Al poco tiempo, la editora de La Crujía, Sabrina Sosa, me citó en un bar de Plaza Italia. Quería que escribiera un libro para la serie Ser escritor. Me acordé de Leo, y me gustó la coincidencia. De paso, dejaba enfriar otro libro doloroso en donde me exponía demasiado, y empezaba a pensar en cuestiones más placenteras y luminosas.
Otra regla. Si escribía sobre algún libro trascendente, lo releía y tomaba notas. No se me podía escapar nada. Era como abrir libros troquelados. No solo porque entre las páginas aparecían volantes de época –remiserías y locutorios, tickets con precios inentendibles que habían sido señaladores-; volvían pedazos de vida.
En una hoja oficio fui anotando los relatos que tenía, y los que había que escribir, ordenados cronológicamente. Pensé en cuatro etapas. Los ochenta en Castelar. Los noventa, cuando me fui a vivir solo a un departamento en Ituzaingó y estallé como lector. La tercera fue con el comienzo de siglo, año dos mil, Castelar sur, años proustianos, Alicia Dujovne Ortiz me apadrina en un curso de “En busca del tiempo perdido” y me vuelco a escribir torrencialmente. Me anoto en talleres zonales, mientras en paralelo armo Ella es tan Cargosa y el país se encamina a su crash más triste y poderoso.
Mientras escribía Las cosas que empecé de grande, al que Leo y yo queríamos llamar Mesa de saldos, por un relato en donde hablo de la novela La playa, de Cesare Pavese, nos escribíamos por Whatsapp. Me pedía cosas puntuales.
En un meet que metimos una mañana calurosa de comienzos de año, tragando saliva, porque estoy seguro de que le dolió decírmelo, me sugirió que la ficción no entrara en este libro. Mejor dejarla para otro, Rodri, otro que sea todo de ficción, se nota mucho el cambio de registro, me dijo Leo, escritor premiado de ficción. Seguro sabe de lo que habla, pensé. Acepté con toda la humildad y comprensión que quizás me falte en otros órdenes de la vida.
Fuente: telam