Sábado 25 de Septiembre de 2021

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21 de julio de 2021

Milwaukee Bucks hola campeón 2021 NBA

Giannis Antetokounmpo lo hizo posible. Con una actuación legendaria de su principal estrella (50 puntos, 14 rebotes y 5 tapones), el conjunto de Wisconsin superó por 105-98 a Phoenix Suns, cerró la serie por 4-2 y logró el segundo anillo de su historia, primero en 50 años. Lo más destacado del encuentro decisivo.

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La noche histórica de Giannis Antetokounmpo: 50 puntos

¡Giannis Antetokounmpo lo hizo! Sí, Milwaukee Bucks está de celebración y el gran responsable es ni más ni menos que el hombre que despertó la ilusión de la organización desde el momento en que llegó desde el Draft. El griego, definitivamente, se metió en el olimpo de la liga con una actuación legendaria para coronarse campeón, comandando el 105-98 ante Phoenix Suns que cerró estas Finales por 4-2 y les permitió levantar el trofeo Larry O'Brien.

Giannis, para la historia. Sobran las palabras para graficar lo que hizo Antetokounmpo en el Juego 6. Una producción legendaria de principio a fin, dominante en ambos costados del campo, con una determinación y agresividad total para cargarse a su equipo al hombro en su peor momento, con la personalidad de líder para aparecer cuando más se lo necesitaba, con la inagotable potencia y energía que le permite desplegar ese físico único... Si las leyendas nacen en las Finales, el 20 de julio de 2021 quedará guardado en la historia de la liga como el día en que nació la leyenda de Giannis Antetokounmpo.

50 puntos (16-25 campo, 1-3 triples, 17-19 libres), 14 rebotes, 2 asistencias y 5 tapones en 42 minutos de una demostración maravillosa y memorable. MVP de principio a fin.

Los registros de Giannis. Antetokounmpo y algunos detalles históricos de su tarea...

  • Igualó la sexta mejor marca anotadora en un partido de Finales, en poder de Bob Pettit en 1958
  • A su vez, igualó la mejor marca anotadora de todos los tiempos para cerrar un campeonato. Esos 50 de Pettit habían llegado también en un J6, frente a Boston Celtics
  • Es el primer jugador en la historia de los Playoffs en sumar al menos 50 puntos, 10 rebotes y 5 tapones en un partido (los tapones se empezaron a contar en 1973-1974)
  • Segundo jugador en la historia de las Finales con al menos tres partidos de 40 puntos y 10 rebotes en una misma definición, uniéndose a Shaquille O'Neal en el 2000
  • Tercer jugador en la historia en ganar los premios de MVP, MVP de Finales y Mejor Jugador Defensivo, uniéndose a Michael Jordan y Hakeem Olajuwon.
  • 105-98: Un Antetokounmpo histórico guía a los Bucks hasta la gloria

La mejor noche de libres, en el momento justo. Tanto de habló de los viajes a la línea de Giannis, con la ahora famosa cuenta de los fans rivales... Al cabo, estaba promediando 55,6% en estos Playoffs. ¿Qué hizo en la noche para cerrar el campeonato? Su récord de libres anotados en postemporada con 17, con el detalle de que apenas falló dos. Sí, se fue con 17-19 desde la línea.

En Fase Regular había acumulado seis encuentros con al menos 17 libres anotados en su carrera, y sólo dos tuvieron un mejor porcentaje que el 89,5% de hoy: 17-17 (100%) vs. Washington en 2019 y 19-21 (90,5%) vs. Philadelphia en 2019.

Middleton, justo a tiempo. No habrá sido la noche más impactante, ya que apenas sumó 17 puntos, 5 rebotes, 5 asistencias y 4 robos, con 6-13 campo. Pero su lanzamiento desde la media distancia para sacar 6 de ventaja (102-96) con casi 57 segundos por jugar empezó a definir la historia. Siempre clutch.

Holiday, la bestia defensiva. ¿A alguien le importa el 4-19 de campo? Jrue Holiday volvió a mostrarse errático para el aro. Pero también volvió a mostrarse como una absoluta maravilla defensiva en todo momento. Su defensa individual para el uno contra uno fue de manual en todos los Playoffs. Se fue en la noche del título con 12 puntos, 9 rebotes, 11 asistencias y 4 robos que ni siquiera hacen justicia con su trabajo. Brutal.

Un inicio dominante, como en el partido pasado... Pero con otro protagonista, claro. En el Juego 5, Phoenix comenzó en llamas y tomó una ventaja de 16 puntos (que luego perdería). Esta vez, el que lució mejor fue Milwaukee. No tanto por su ataque, sino por imponer su defensa dentro de un desarrollo con más errores que aciertos. De hecho, los Bucks sumaron siete pérdidas en el cuarto inicial. Sin embargo, su correcto trabajo atrás hizo la diferencia.

Los de Budenholzer limitaron por completo a los de Arizona, dejándolos en 29,2% de campo (7-24). Holiday fue una peste en primera línea (en realidad, en todos lados) y la defensa interior funcionó a pleno, con Giannis y, sobre todo, Lopez como anclas. De hecho, los Suns tiraron 3-9 en la pintura (1-3 en la zona restringida). Con 10 puntos de Antetokounmpo y la energía y puntería de Portis (dos triples), la diferencia llegó a 29-16.

Y una respuesta contundente, como en el partido pasado. Y de nuevo, cambió el orden del protagonista. En el Juego 5, los Bucks respondieron con clase en el segundo cuarto para tomar la ventaja al entretiempo. Esta vez fue Phoenix el que lo hizo. La defensa de los Bucks perdió contundencia y ya no pudo maquillar un pobre trabajo en ataque, con mala toma de decisiones y sin ideas. De hecho, el local tiró 4-20 de campo en un segundo cuarto con apenas 13 tantos. Sólo Giannis (3) y Portis anotaron de campo, con Holiday y Middleton combinándose para 0-8.

Los Suns fueron reviviendo de a poco y creciendo en confianza. Primero, con Payne como revulsivo desde el banco (10 tantos en la primera mitad), y luego con un Chris Paul que por fin pudo imponerse, marcando el tempo, siendo agresivo cuando debía y llegando a su zona de confort en la media distancia. Fueron 10 puntos para CP3 de los 31 de unos mejorados Suns, que pasaron a ganarlo 47-42.

Giannis, en una misión en el tercero. Ese cuarto de Antetokounmpo fue una maravilla, por necesidad y contexto (su equipo deslucido y en desventaja), formas y oportunismo: 20 puntos, 6-11 campo (1-2 triples), 7-7 libres, 3 rebotes y una asistencia. Casi en soledad, a pura potencia y con su capacidad completamente única, regresó a los suyos al partido. Brutal demostración de personalidad, potencia y destreza. Por segunda vez en la serie sumó 20 tantos en un cuarto, cuando la última vez que habíamos visto a un jugador anotar +20 en Finales había sido Michael Jordan en 1993.

¡Bobby, Bobby, Bobby! Portis se consagró como el factor X de la serie: 16 puntos (6-10 campo, 2-5 triples), 3 rebotes, un tapón y la energía inagotable de siempre en 23 minutos. Sensacional impacto.

CP3 tarde, Booker ausente. Nadie podrá cuestionar que Chris Paul apareció, con 26 puntos (11-19 campo), 2 rebotes y 5 asistencias, más el impacto que los Suns necesitaba para tener una chance. El problema es que lo hizo después de tres partidos en donde estuvo desaparecido. El que desapareció después de dar la cara en los encuentros previos fue Booker: apenas 19 tantos, con 8-22 de campo. Su peor producción de la serie, no tanto por lo numérico sino por quedarse corto cuando su equipo más lo necesitaba.

El ascenso de un líder extraordinario

Este es, por encima de todo, el anillo de Giannis Antetokounmpo, que mandó a los Suns a la tumba (105-98) con un partido monstruoso, en el que fue la explicación obvia, por momentos única, de la victoria de su equipo. Así de sencillo: 50 puntos, 14 rebotes, 2 asistencias, 5 tapones, un 15/26 en tiros, un 1/3 en triples y un increíble 17/19 en tiros libres. La línea de personal, donde ha recibido tantas burlas y tanta cuenta atrás irónica de las aficiones rivales, fue la gran aliada de un jugador que es un prodigio físico desde crío pero que se ha convertido también en un muro mental. Nada le afecta, nada le duele, nada le importa. No para de empujar, de trabajar por toda la pista, de hacer la intendencia del soldado raso y las jugadas decisivas de la megaestrella. Giannis es un ejército de un solo hombre, un jugador que se ha convertido en colosal cuando ha aprendido a no forzar sus acciones lejos del aro, a leer las defensas y moverse debajo de la canasta (30 puntos en este partido en la pintura, donde en las Finales ha rondado el 80% en tiros). Cuando ha entendido que no es un Kobe Bryant sino un Shaquille O'Neal.

Su energía sobrehumana fue minando, fue perfectamente visible, a unos Suns que no sabían qué hacer, que se cargaban de faltas en defensa por intentar pararle y se asustaban cerca del aro en ataque porque no sabían por dónde iban a aparecer sus inacabables brazos. Giannis, un tipo ejemplar que podría ajustar ahora muchas cuentas (seguramente no lo hará, es demasiado feliz para eso), es el MVP de las Finales con unas medias de 35,2 puntos, 13,2 rebotes, 5 asistencias, 1,8 tapones y un 61,8% en tiros. Nadie había firmado un 30+10+5+60% en la pelea por el título. Nadie había ganado en su carrera los premios de MVP de fase regular (tiene dos), MVP de Finales (empiezan a darse en 1983), Defensor del Año y Jugador Más Mejorado. Y solo Michael Jordan y Hakeem Olajuwon tenían, hasta ahora, los tres primeros. Es solo el séptimo, en 75 años de NBA, que llega a 50 puntos en un partido de las Finales, algo que desde Michel Jordan en 1993 solo había hecho LeBron James (2018). También es el primero con un partido de 50+10 y 5 tapones en cualquier parte de los playoffs desde 1973 (cuando se empiezan a registrar los tapones) y el primero por encima de 40+10+5 desde Shaquille O’Neal en 2001. Y el primero desde Shaq (en 2000) con tres partidos de 40 puntos y 10 rebotes en la misma Final, una en la que ha hecho dos cuartos distintos de al menos 20 puntos. El último en hacerlo, y solo una vez, fue Michael Jordan, en 1993… y también contra Phoenix Suns. ¿Seguimos?

Giannis, MVP unánime, es ya un jugador imposible de negar, una leyenda de la NBA. Con toda la gloria y todos los honores, el líder de un equipo imperfecto que ha acabado siendo un campeón perfecto. Un proyecto orgulloso, el poder del pueblo, el quinto que remonta un 2-0 en unas Finales... y el tercero que lo hace con cuatro triunfos seguidos, de 2-0 a 2-4. La revolución, zas, en un visto y no visto. Los Suns se van atónitos, desfondados, apocados, devorados por una inercia que empezó siendo claramente suya. Sin capacidad de adaptarse al clima selvático que impusieron los Bucks, sin respuestas en la zona, sin más recurso que percutir en acciones individuales contra el embudo construido (maravillosamente) por Mike Budenholzer: las defensas ganan los campeonatos. En el último día fue especialmente evidente que los secundarios (sobre todo los jóvenes, Mikal Bridges y DeAndre Ayton) se estaban evaporando y que los Bucks eran perfectamente felices con una sucesión, incluidas las rachas peligrosamente buenas, de suspensiones de Chris Paul y Devin Booker. El base, que seguramente nunca tendrá tan cerca su primer anillo, dejó de controlar la Final según fueron pasando los partidos. Booker falló mucho y se enredó con su propia desesperación (los árbitros, la mala suerte…) en un duelo definitivo que cerró con 19 puntos en 22 tiros (0/7 en triples). Es la maldición del dos: tres Finales de los Suns en su historia, tres derrotas por 4-2.

Los Bucks superaron, gracias a la fe ciega de Giannis, un momento de máximo peligro. Tras un primer cuarto colosal (29-16), se cayeron en el segundo de forma dramática: 13-31 de parcial (42-47) y 4/20 en tiros para un flan que apilaba 10 pérdidas con el miedo metido en el cuerpo. Menos Giannis: desde el 42-49 nada más salir de vestuarios al 77-77 del final del tercer cuarto con 20 puntos en esos 12 minutos del griego y, antes de empezar cuarto decisivo, 37 por los 40 de sus compañeros. Todavía apiló 13 más entre rebotes, tapones de póster y pases inteligentes. Un partido perfecto al que se acabó sumando la defensa de PJ Tucker y Jrue Holiday (espectacular pese a sus fallos en el tiro), el descontrol vitalista de Bobby Portis (16 puntos importantísimos) y la calidad en el momento caliente de un Khris Middleton desfondado (al final, 17 puntos). Otra vez, los Bucks dominaron el rebote, pasaron mejor, tuvieron más energía y más paciencia, más fe en su plan. Por el ecuador del último cuarto (94-90) los Suns boqueaban en un reguero de canastas con dosificador, sufridas e inconstantes. Pero la sensación ya calaba en todos, el que iba a ganar irremediablemente y el que se estaba ahogando mientras la corriente lo alejaba cada vez más de la orilla. La gloria es para los Bucks, para un campeón imposible, maldito, profundamente orgulloso. Y para Giannis Antetokounmpo, desde hoy una leyenda, un gigante, un coloso. El nuevo rey de la NBA.

 

 

  

 

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