Hace apenas un mes, Flavio Bolsonaro vencía a Lula da Silva en la primera vuelta de las elecciones de Brasil. El asunto parecía terminado: Bolsonaro sería el futuro presidente. La proyección internacional de Javier Milei lucía más sólida y potente que nunca. El canciller Pablo Quirno explicaba que en todos lados ganaban los candidatos que apoyaba el Presidente. "Tengo un jefe que de la nada llegó a la Presidencia de la Nación y en dos años y medio cambió la forma de votar de todo un continente. Todo muy normal. ¿Quién no hubiera podido hacer lo mismo, no?", celebraba Luis Caputo. Milei viajó en esos días a una gala trumpista en Miami, se abrazó con Bolsonaro, y prometió "sacar a patadas en el culo" al dictador comunista, como denominaba a Da Silva. Agustín Laje, el referente máximo de la batalla cultural de Milei, explicaba. "Algunos piensan que lo que está pasando es que todos los oficialismos pierden. Yo creo otra cosa. La batalla cultural ha triunfado y los pueblos se han vuelto de derecha".
No eran personas alucinadas. La realidad justificaba esa euforia. Nadie podía prever lo que sucedería en las siguientes semanas, uno de los cambios de clima político más vertiginosos de la historia reciente. Vale la pena hacer una síntesis rápida de lo que ocurrió para dimensionar su trascendencia, y también su profundidad.
-En Brasil, la séptima economía del mundo, Lula logró volcar diez millones de votos a su favor y dio vuelta una elección imposible. América Latina, entonces, ya no luce violeta, ni mileísta. Si se suman los habitantes de Brasil y México -las dos principales potencias de la región, ambas gobernadas por líderes antagónicos a Milei- superan a la de todos los gobiernos conservadores. Una de las armas más utilizadas por Lula en los debates contra Bolsonaro justamente fue la de pegarlo a Milei, consciente de que, para el público independiente, era piantavotos.
-La segunda baja ocurrió en Israel, donde Benjamin Netanyahu, uno de los principales amigos internacionales del argentino, está a punto de ser desplazado de la jefatura de Estado. La coalición opositora liderada por Gadi Eisenkot, juntó 67 parlamentarios contra apenas 46 del actual primer ministro. Eso seguramente marca el comienzo de una nueva era en la manera en que el Estado judío procesa sus dramáticos conflictos. Otro amigo menos.
-Pero la noticia más impactante ocurrió, obviamente, en Estados Unidos, donde Donald Trump fue literalmente barrido por los demócratas en las elecciones de medio término. Los republicanos fueron humillados en lugares impensados como Kansas, Texas, Carolina del Sur, tal vez Missisipi, el estado del Ku Klux Klan, que probablemente tenga un senador negro. Caída la estrella de Trump, la extrema derecha mundial pierde su encanto. Ganará en algunos lugares, perderá en otros, como ocurre con todos los movimientos políticos. Pero definitivamente queda dañada su ambición hegemónica que parecía fortísima hace nada, apenas veinte días.
-Como si fuera poco, en América Latina aparecen nuevos problemas. La destitución de Santiago Peña en Paraguay, en medio de un escándalo por la quiebra de un banco beneficiado con fondos oficiales, representa otro cimbronazo para el mundo libertario. Es que Peña era el niño mimado, el "Golden boy" de la nueva derecha latinoamericana. Las redes se llenaron de material de archivo donde Peña elogiaba a Milei y Milei elogiaba a Peña. Pero no solo Milei. También Mauricio Macri, o José Antonio Kast, o Santiago Abascal, el líder de la ultraderecha española, tal vez –junto a Milei— uno de los pocos sobrevivientes a esta debacle.
-La mancha se extiende por todos lados. Pocos meses después de asumir, José Antonio Kast -otro aliado- se desplomó por debajo del 30 por ciento en todas las encuestas que se realizan en Chile, debido a su incomprensible decisión de reducir las penas a docenas de condenados por abuso sexual.
-En este contexto, un hecho olvidado adquiere otra dimensión. En marzo de este año, fue derrotado en Hungría Viktor Orbán, otro de los hombres por los que Milei y Trump hicieron campaña. Orban fue el inventor de la "democracia iliberal" y uno de los primeros mandatarios que ubicaron en el centro de su programa la restricción de los derechos de la comunidad LGBT. Desde la asunción de Milei, Orban recibía en Budapest a muchos dirigentes libertarios argentinos, especialmente a Agustín Romo y a Agustín Laje. Hungría parecía ser el faro de una nueva cultura política.
Si hay algo de cierto respecto de la suerte, es que cambia. Y mucho. Y muy rápido.
Este nuevo contexto será especialmente desafiante para el presidente argentino en varias bandas. La primera de ellas, claro, es la financiera. Con Trump mucho más débil, y marcado cuerpo a cuerpo por un Congreso opositor y muy combativo, se reduce mucho el margen para conseguir salvatajes ante una eventual corrida cambiaria preelectoral. Eso se manifestó de manera muy categórica en el foro Abeceb, que se realizó el jueves pasado. Gary Litman, el vicepresidente de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, fue muy categórico: "La toma de decisiones será más lenta, la voluntad política no necesariamente estará presente y la disposición a utilizar al Fondo Monetario Internacional u otros instrumentos para acudir al rescate disminuye cuando tenemos un gobierno dividido", dijo. Y luego agregó: "Cualquier iniciativa adicional que califique como tratado integral o requiera partidas presupuestarias específicas podría estancarse en el Congreso".
El segundo desafío está relacionado con el lugar que ocupan las ideas de Milei en la política mundial. Es muy revelador recoger los discursos de James Talarico, la estrella de la elección, que recuperó Texas para los demócratas después de 40 años.
"La única minoría que está destruyendo a los Estados Unidos son los multimillonarios. Las personas trans representan el 1% de la población. Los musulmanes representan el 1% de la población. Las personas indocumentadas representan el 1% de la población. Nos estamos centrando en el 1% equivocado. Las personas trans no te quitan la atención a la salud. Los musulmanes no desfinancian la educación. Los indocumentados no reducen los impuestos a sí mismos y a sus amigos. Los que hacen esto son los multimillonarios y sus políticos títeres. La batalla cultural es una pantalla de humo. Muchas de las divisiones en nuestro estado y en nuestro país están fabricadas por los multimillonarios para que nos peleemos entre nosotros en lugar de combatirlos a ellos. La mayor división en nuestra política no es la izquierda contra la derecha, es arriba contra abajo".
Elon Musk, el tecnomagnate que agitó en un acto la motosierra de Milei, invirtió USD 200 millones para evitar que ganara Talarico. Los perdió. Musk inició sus empresas en California. Se mudó de allí a Texas para pagar menos impuestos. Es una figura perfecta para ilustrar las ideas triunfantes de Talarico. Esta misma semana, en cambio, Milei comparó a Musk con Leonardo da Vinci.
A lo largo y a lo ancho de Estados Unidos, celebraron su triunfo candidatos que defendían el rol de los sindicatos, reclamaban mayor justicia social, apuntaban contra los tecnomillonarios, denunciaban la corrupción de Donald Trump. En 40 de 41 plebiscitos, pueblos muy diferentes rechazaron la instalación de datacenters para la inteligencia artificial. De repente, el centro de la escena política fue ocupado por políticos orgullosos de definirse como "socialistas", la primera gobernadora negra de la historia, dirigentes sindicales, practicantes del islam, la primera gobernadora indígena, hijos y nietos de inmigrantes: todo aquello que demoniza la batalla cultural.
En Alabama, un estado ultraconservador, fue elegida para la legislatura provincial, Allison Montgomery, una ingeniera en software que será la primera legisladora trans de la historia norteamericana. En Kansas ganó un pastor protestante llamado Adam Hamilton. En plena campaña, le preguntaron qué opinaba de los derechos de la comunidad trans: "Yo sigo la máxima de Jesús: ama a tu prójimo como a ti mismo. Se ha tomado a un grupo de seres humanos como chivos expiatorios porque eso da rédito electoral. Eso a mí me parece mal. Nos tenemos que tratar bien entre todos: mujeres, varones, heterosexuales, homosexuales, trans. Eso decía Jesús". Kansas es otro estado muy conservador. Y, sin embargo, ganó un político con ese discurso.
A primera vista, parece el resurgimiento del wokismo tan odiado, del progresismo tan despreciado, del comunismo que tanto odia Milei. Alcaldes socialistas gobernarán Los Ángeles y Washington, además de Manhattan. La mismísima pesadilla libertaria en el corazón del capitalismo. Algo que parecía moribundo irrumpió con una virulencia inusitada.
Además de los desafíos en el terreno financiero, y en el de la batalla cultural, asoma otro costado problemático: el moral. Una de las reflexiones más ácidas sobre la paliza que recibió Trump fue expresada por Ron DeSantis, el gobernador republicano del estado de Florida, otro líder conservador. DeSantis dijo que no se trató de una ola demócrata, ni de un tsunami sino de un meteorito, cuyos efectos demoledores sobre su partido se sentirán durante muchos años. Y atribuyó la derrota, por ejemplo, a la actitud evasiva de Trump respecto de la difusión de los archivos que revelaban las relaciones políticas del pederasta multimillonario Jeffrey Epstein. Además, DeSantis sostuvo que le resultaba sorprendente la manera en que se enriquecieron congresistas republicanos en estos últimos dos años.
En otro lugar del planeta, la imagen del presidente chileno José Antonio Kast se derrumbaba luego de que le concediera reducción de penas a abusadores sexuales. En Brasil, el candidato amigo de Milei huía de la Justicia de su país a escondidas, a diferencia de lo que hicieron Lula da Silva o Cristina Kirchner en la Argentina, quienes enfrentaron su destino con más dignidad. En Paraguay, un amigo de Milei renunciaba a la Presidencia, y era detenido por su participación directa en una estafa bancaria que afectó a la mitad más pobre de su país. Por si fuera poco, en Bolivia está detenido por intentar matar a su pareja embarazada, el fundador de La Derecha Diario, el medio preferido por el presidente argentino, y el principal difusor de las ideas y las fake news de la derecha radical en el continente.
Este breve recorrido pone en tensión, una vez más, las arengas sobre la moral como política de estado, o las recurrentes referencias a la Torá y los diez mandamientos como fundamento de las políticas de este sector.
En esta historia hay, como quien dice, moralejas para hacer churros. Gobernar es muy complicado. La derrota siempre espera a la vuelta de la esquina. Los muertos que vos matáis, gozan de buena salud.
Mientras tanto, con tantos amigos caídos en desgracia, y tantos enemigos victoriosos, con el resurgimiento de ideas tan odiadas, con el riesgo país llegando a los 1.000 puntos, la vida del presidente argentino será, como mínimo, más incómoda. Ese hombre tan curioso que los argentinos elegimos como Presidente parecerá en el mundo cada día más curioso, por describirlo de alguna manera.