La feria arteba cumple 35 años y, tomando ese aniversario como excusa, Infobae Cultura pone el foco en una generación de artistas de esa edad para abajo, cuyas obras trazan algunas de las búsquedas que atraviesan la escena contemporánea.
Sin ánimo de ser un ránking, los artistas que integran la selección (donde se repiten galerías) revelan como desde la pintura a la escultura, la fotografía y pasando por el dibujo y los objetos, un panorama que se alimenta de un diálogo con el pasado y las producciones de quienes comenzaron a construir su recorrido en un contexto artístico, social y tecnológico distinto.
En Galería Constitución (Principal) se presenta un solo-show de Carlos Cima (Ezeiza, PBA, 1990), un pintor que convierte el ejercicio plástico en un desafío punzante sobre las posibilidades de los materiales por sobre la idea de representación. Y en cada capa de sus obras, a lo que a golpe de ojo se puede ver como superposición, como carga, es en realidad limpieza: Cima busca la esencia de su pintura para que al final se revele desnuda. Pintura pura.
En lo performativo su trabajo ingresa a los interiores domésticos, relojes detenidos y sillas vacía, muñecos de porcelana, solos, en estantes, entre muebles, en piezas que llevan lo que se observa a un recuerdo borroso de un mundo que solo existe en algún rincón de la memoria.
"No quiero que las cosas sean muy claras. Me gusta tener ciertos borramientos o estar corrido. Lo que me interesa es hacer una pintura que funcione en todos los términos, que un cuadro sea bueno. No tanto en la narrativa. Más allá de que lo que yo te estoy pintando sea un espacio o una muñequita de porcelana o un angelito, a mí lo que me importa es cómo te lo estoy mostrando", dijo a Infobae Cultura.
Estudió la Licenciatura en Artes Visuales en la Universidad Nacional de Arte; participó del Programa de Artistas UTDT 2019, asistó a clínica de obra con Pablo Siquier, Gabriel Baggio y Valeria Gonzalez. Becario del Programa de artistas residentes MARCO ARTE FOCO en el Museo de Arte Contemporáneo de La Boca. Acumula, entre otros reconocimientos, una Mención Especial en el Premio Klemm 2024 y el Segundo Premio Nacional de Pintura del Banco Central de la Nación Argentina en la categoría de menores de 35 años. Fue seleccionado para ese mismo premio en cuatro ediciones: 2019, 2022, 2024 y 2025.
En su obra Jazmín Kullock (1995, CABA) invade la pintura escultórica, pero hay algo en su construcciones, en el uso de las herramientas, que son parte vital de lo temas en los que indaga: los límites de la figura humana a través de una técnica mixta que combina malla de alambre, telas encoladas, acrílico y pastel al óleo sobre bastidor.
En La Mala Galería (Principal), presenta piezas donde la incomodidad del cuerpo se vuelve emocional, pero también es estructurante, una representación de la mirada del otro y sus repercuciones en lo personal. Una huella de lo efímero que se vuelve permanente.
Entre ellas, recurre al autorretrato para armar escenas donde lo humano y lo animal, la adultez y la primera infancia se superponen, en las que la deformación nos propone máscaras no convencionales, seres donde surge lo bestial pero, a la vez, se mantiene, allí, en el fondo, la fragilidad.
La trayectoria de Kullock combina formación en escenografía en la Escuela Metropolitana de Arte Dramático (EMAD) con una diplomatura en artes visuales en la Universidad de San Martín (UNSAM), pasó por el programa "ArtistasxArtistas" de la Fundación El Mirador, el Campus Bienal del Centro Cultural Recoleta, y la residencia Munar "Boca de fuego", además de talleres de escultura y clínica de obra con el artista Luis Terán. En 2017, cuando junto a Mora Langer en la Galerie Art und Eigensinn de Berna, Suiza y en 2025 en el Centro Cultural Recoleta.
El trabajo de Leila Simonian (1997, CABA) habita el mundo de lo inquietante, en el que se plantea un estado de latencia: algo que se extingue o comienza y se sostiene con lo mínimo, una reminisencia de algún tipo de vida en la que convive una monstruosidad subrepticia, donde lo extraño aparece integrado a lo cotidiano.
En sus instalaciones escultóricas, la artista de Fundación El Mirador (Principal) articula ciencia y pensamiento posthumanista, a partir de investigaciones en las tecnologías que intervienen en la prolongación de la vida mediante organismos artificiales, dispositivos de soporte vital y cuerpos que combinan vidrio, acero y materiales blandos.
Su formación como directora de fotografía en la Universidad del Cine (UCINE), por ejemplo, le dan una mirada estética al momento de crear la obra, donde se combinan elementos de reminiscencia gigereana, con el body horror de Cronenberg, por ejemplo, al escenificar los límites entre lo vivo, lo inerte y lo artificial, además de las nociones de identidad y autonomía.
Fundadora de una ONG de rehabilitación animal, Simonian también cursó Artes Electrónicas en UNTREF, exhibió en Argentina, República Checa y Alemania, donde participó de una residencia artística. En 2026 formó parte de la muestra Estadío Inicial, realizada en el Centro Cultural Borges.
En COTT Gallery (Principal), se pueden ver las nuevas obras al óleo de Renata Juncadella (1999, CABA), donde se observa, con respecto a su última muestra, Lo que corta es un atajo, un trabajo más minimalista, intimista si se quiere, en el universo de su realismo mágico pictórico.
Radicada actualmente en Ciudad de México, la artista explora la figura femenina, como lo hizo Remedios Varo, atravesada por una transformación, entre hechicera y alquimista, y donde lo vegetal, lo animal y lo arquitectónico confluyen como elementos místicos de esta transformación.
En estas siete obras, Juncadella mantiene su imaginario pero lo reduce, se vuelve más puntual, menos extensiva en el despliegue, y los elementos pasan a ganar protagonismo, constituyéndose en protagonistas.
En su formación combina lo cinematográfico con lo pictórico: estudió Dirección de Fotografía en la Universidad del Cine de Buenos Aires, completó el Programa de Cine de la Universidad Torcuato Di Tella y se formó con las pintoras argentinas Laura Códega y Marcia Schvartz. En 2023 integró el programa ArtistasxArtistas de la Fundación El Mirador. Sus obras forman parte de las colecciones del Banco Central de la República Argentina, la Colección Balanz y colecciones privadas.
Felipe Alvarez Parisi (Buenos Aires, 1992) desarrolla una producción interdisciplinaria en pintura, escultura de pared, instalación, performance y teatro de productos en las que examina las tensiones entre el arte, la economía y la materialidad cotidiana.
Su investigación resignifica objetos de uso diario, como tachos de basura, muebles y herramientas de herrería para abordar las fricciones entre la estética, el valor de la creación, el capital y la fuerza de trabajo.
En la feria, en el espacio de Mite (Principal), se presenta con una serie de pinturas en las que juega simbólicamente con el oficio del pintor desde lo religioso o filosófico, en la que utiliza paletas de pintor gigantes y objetos en desuso para reflexionar sobre un orden social que se desmorona y sobre la pérdida de conexión entre el oficio artístico y la realidad.
Cursó estudios académicos oficiales en el Instituto Superior de Formación Artística (ISFA) Manuel Belgrano y realizó una clínica de obra con Diana Aisenberg. Fue seleccionado como agente del Centro de Investigaciones Artísticas (CIA), donde consolidó su perfil de investigación y producción, y participó de la Residencia FONTE, realizada en São Paulo, Brasil. Además, es fundador y dinamizador de proyectos independientes de investigación y gestión artística, entre ellos el colectivo y espacio de experimentación Las Deudas.
La artista multidisciplinar y curadora trans mapuche Seba Calfuqueo (Santiago de Chile, 1991) desarrolla una práctica que examina la experiencia contemporánea de los pueblos originarios, las imposiciones coloniales y los vínculos entre pensamiento indígena y occidental.
En su trabajo, que abarca performance, instalación, cerámica y video, también incorpora perspectivas sobre feminismo, teoría queer y derechos ambientales, ya que propone revisar la separación utilitarista/capitalista entre los seres humanos y la naturaleza, conceptos que plantea como coexistentes, a partir de un enfoque que busca desmontar la visión antropocéntrica del paisaje como un espacio destinado a ser habitado o aprovechado. Calfuqueo tiene una obra profunda, pero a la vez bella y el don de desplegar la crítica desde lo sutil.
En ese sentido, su producción parte de su herencia cultural y de su experiencia vivida para cuestionar las dinámicas sociales, culturales y políticas que atraviesan al sujeto mapuche en Chile y América Latina.
Trabaja en Espacio218, con sede en Santiago, e integra el colectivo mapuche Rangiñtulewfü y Yene Revista. Sus obras forman parte de colecciones de museos como el Tate Modern, el Centre Pompidou, el Denver Art Museum y el Malba, entre otros. Actualmente, tiene una muestra en el Thyssen de Madrid.
Pintora, dibujante y performer, Carrie Bencardino (1993, Buenos Aires) posee una fuerte estética contracultural, el surrealismo punk y la exploración de los márgenes de la noche.
En su producción construye escenas cargadas de tensión donde conviven lo real, lo marginal, lo fantástico y lo queer, y donde el deseo aparece de manera evidente o solapada, pero siempre está allí.
Estas características pueden verse en sus obras de la feria, en el espacio de galería PIEDRAS (Principal), donde tres pinturas de gran formato, una característica suya, revelan una gestualidad atravesadas por la tensión.
Se formó en la UNA y participó del Programa de Artistas de la UTDT. Recibió una mención especial en el Premio Fundación Klemm y el Premio Regional del Concurso de Artes Visuales del FNA. En 2023, obtuvo la beca de viaje Oxenford Collection para realizar una residencia en España y un año después participó de la primera edición de la beca HITO. En 2025, tuvo su primera muestra institucional con "El desentierro del diablo" en el MALBA, que generó un debate en redes sociales tras una polémica con el dibujante Ciruelo.
Juan Ignacio Cabruja (Rosario, 1992) convierte la luz y su ausencia en materia pictórica para intervenir el espacio con objetos tecnológicos, a partir de de los cuales elimina las fronteras rígidas entre la abstracción y la instalación lumínica.
En su trabajo, la luz no cumple una función meramente funcional, sino que son materia prima en una producción en la que equipara el gesto de una pincelada sobre una tela con la programación de una tira de luces LED: ambos procedimientos modifican el entorno y construyen una imagen.
En Crudo Conteporáneo (Principal) recurre a herramientas y conceptos asociados con la noche para crear climas perceptivos, espacios de ensueño y temporalidades suspendidas que buscan afectar al público en los planos físico, psicológico y emocional.
Formado en Bellas Artes en la Universidad Nacional de Rosario y especializado en Artes Electrónicas en la Universidad Nacional de Tres de Febrero, intervino el Complejo Histórico Cultural Manzana de las Luces en Buenos Aires y el frente del Museo Nacional de Arte Moderno de Zagreb, entre otras muestras.
En Linse (Utopía), Julia Padilla (CABA, 1991) construye una obra que disuelve las fronteras entre lo orgánico, lo industrial y lo desechado, a través de la escultura, el dibujo y la performance, en los que involucra materiales en desuso: caños de plomo, cuernos, caracoles, piel de látex, huevos de raya, alfombras de baño, picos de hierro, patos embalsamados.
Pero su método no es el reciclaje, sino el assemblée de fragmentos que la lllevan a crear sus "híbridos", estas criaturas que no pertenecen del todo al mundo natural ni al mundo fabricado. Padilla recolecta esos restos y los une para producir un "extrañamiento, un desplazamiento que convierte a estos objetos en otra cosa" para así reconfigurar el sentido, la función original, de lo que creemos como real y el entendimiento.
En su práctica las convenciones se esfuman, lo que parece casual se vuelve anécdotico, porque logra a través de estas conjunciones materiales que lo humano, lo mecánico y lo vegetal convivan en una armonía fragmentaria que no, por eso, se vuelve inerte.
Su formación atravesó prácticas y talleres con Ernesto Ballesteros, José Luis Landet, Nicanor Aráoz y Flavia Da Rin, una beca de maestría en Estéticas Latinoamericanas Contemporáneas de la UNDAV (Universidad Nacional de Avellaneda) y talleres de escritura con María Gainza y Silvia Gurfein. En 2026 realizó una residencia en Gasworks, Londres, y participó en ARCO Madrid, donde fue galardonada con el premio al "Talento Joven".
Tras obtener el Premio a la Obra de Arte de arteba en 2022, Amparo Viau (Adrogué, PBA, 1991) tiene su primer solo show ferial con la galería Grasa (Principal) con siete dibujos en pastel tiza sobre papel a gran escala, en los que establece vínculos entre la historia del arte, con una estética que juega con un imaginario de los cuerpos renacentistas y un fuerte vínculo a través de la anamorfosis.
Esos cuerpos que parecen flotar, ingrávidos, por momentos coreográficos, en otros estáticos, coexisten con la animalística, el surrealismo y reminiscencias tatoristas, siempre a través de una ponderación por la línea y la gestualidad. El estilo de Viau es cautivante; sus obras tienen la gracia de envolver al espectador en una danza imaginaria, de llevar la mirada por toda la obra.
"El color viene como una instancia donde ya la obra está bastante avanzada porque es la parte que menos me cuesta y la que quizás más disfruto. Lo más complejo para mí es la componer las escenas, los cuerpos, de la figura humana que sale del modelo vivo, para generar una escena que cuente algo. Para mí es muy difícil pensar que un color queda mal, me parece algo imposible y siento que también hay como mucho miedo al color", dijo a Infobae Cultura.
Se formó en Artes Visuales en la Universidad Nacional de las Artes (UNA) y cursó Dirección de Cine en el CIEVYC. En 2024 completó el Programa de Artistas de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT). Entre sus referentes de formación figura el trabajo en clínica de obra con Ernesto Ballesteros, Lucrecia Lionti y Leo Estol en la UTDT y Luis Terán (2022); viene de exponer en la Galería ARTNOBLE de Milán, Italia, y sus obras integran la Fundación Colección Ca.Sa. de Chile y colecciones privadas en Argentina, España y Estados Unidos.
En la debutante Palos (Utopía), el artista mexicano-argentino Sebastián Cosenza Saad, conocido como Sireno, explora el deseo como un territorio donde conviven la ternura, la violencia y la melancolía.
El pintor desarrolla una obra centrada en la intimidad masculina y las tensiones afectivas contemporáneas, a partir de óleos y dibujos que reúnen colores brillantes, desnudos, apariciones de la Virgen de Guadalupe y escenas de sensualidad predominantemente masculina.
En su imaginería, Sireno (Ciudad de México, 1998) ingresa en lo religioso, el kitsch devocional y la cultura pop mexicana para construir situaciones cuya historia queda abierta.
Cosenza se formó en Comunicación en la Universidad Iberoamericana de Ciudad de México y realizó una residencia en Studio Arts College International, en Florencia, en 2019. En 2025 participó del programa Artistas por Artistas de la Fundación El Mirador, mientras que en Tokio integró las muestras colectivas Tokyo Pulse y Tokyo Love Hotels vol. 27, ambas de 2021, además de Tokyo Love Hotels vol. 18, de 2020.
La artista visual Flor Alvarado (CABA, 1996) combina dibujo, pintura, escultura y performance para abordar la feminidad marrón-indígena, el humor, la ironía y la sensualidad desde el arte y el activismo antirracista.
Su obra parte de la historia migrante de su familia, las celebraciones andinas y el circuito frutihortícola. Para desarrollar esa mirada, utiliza materiales recuperados de la calle, como madera de cajones de verdura, y crea piezas donde la memoria, el trabajo comunitario y la imaginación producen formas de pertenencia y futuro.
En la feria con galería Selvanegra (Principal) no se presenta con sus pinturas, sino con obras de la serie Identificación?, donde la identidad se vuelve borrosa a partir de unos DNI en carbonilla y esgrafiado sobre maderas de cajon de verdura, y una instalación escultórica, De estéticas barriales contemporáneas, donde una venus de cerámica reminiscencias mochica se apoya sobre una base de ladrillo hueco y chapa.
Alvarado es activista del colectivo Identidad Marrón y se graduó de la Licenciatura en Artes Visuales de la Universidad Nacional de las Artes (UNA). Participó del Programa de Artistas de la Universidad Torcuato Di Tella y fue investigadora del proyecto Culturas del Antirracismo en Latinoamérica (CARLA), impulsado por la Universidad de Manchester y el colectivo. También realizó talleres en el MALBA, el Museo Casa de Ricardo Rojas y el Museo de Arte Moderno. En 2024 obtuvo la Beca de Producción de Obra de la Bienal de Mujeres en las Artes Visuales y participó de la residencia Puertos Sur a Süd del Goethe-Institut. Este año, con Fantasía de valor, en el CC Recoleta tuvo su debut institucional en solitario.
En su obra, Amanda Tejo Viviani (Madrid, 1994) explora sensibilidades extraviadas y espacios incómodos a través de una obra donde la forma toma ribetes del cine expresionista alemán, se funde sobre sí misma y el mundo parece ser visto desde el ojo de una cerradura psicodélica.
En el espacio de galería NN (Principal), la pintora presenta obras de su serie "Retratos febriles de birra caliente", donde plantea perspectivas individuales, y de "Paisaje febril", centradas en una urbanística que parece autodevorarse como si fuera un ser mitológico.
En su abordaje, desfamiliariza experiencias cotidianas al presentarlas desde una dimensión onírica y surreal, con un tratamiento dramático e irónico. El mundo se presenta ilusorio, pero no por eso pierde su esencia.
Desde 2017, Tejo Viviani realizó muestras individuales y participó en exposiciones colectivas en Argentina y Estados Unidos. Su producción forma parte de colecciones privadas de ambos países y recibió la mención de honor Raquel Forner en el Salón Provincial de Arte Joven del Museo Pettoruti, en La Plata, en 2021. También obtuvo el Segundo Premio Adquisición en el 66° Salón Belgrano de Artes Visuales del Museo Sívori. Licenciada en Artes por la Universidad Nacional de La Plata, completó el programa ArtistasxArtistas de Fundación El Mirador y el Programa de formación artística de la UTDT.
Radicada en Madrid, Sofía Alazraki (Buenis Aires, 1991) desarrolla una práctica que cruza el arte contemporáneo, la moda y el cine desde la fotografía, la dirección de arte y la escenografía. Su obra combina una estética pulida con aproximaciones surrealistas al deseo y a la relación con los objetos.
En su obra personal utiliza bodegones, fotografías de estudio, videos e instalaciones para cuestionar los códigos de la publicidad, el consumo y las promesas de bienestar; también trabaja con las nociones de lo roto y lo vacío.
Su formación como historiadora del arte se complementa con un Posgrado en Diseño de Mobiliario para el Hábitat, y un Máster en Retail Design en la Escola Superior de Disseny i Enginyeria de Barcelona.
Alazraki ha colaborado con Loewe, Jacquemus, Alexander Wang y Apple, además de publicaciones como Dazed, W Mag y Lampoon. También ha trabajado junto a artistas como Arca, Miky Blanco, Marina Otero y Carlota Guerrero en proyectos desarrollados desde el concepto hasta la ejecución.
En su obra Sol Quirincich (Santa Fe, 1992), articula la investigación histórica, los archivos y la memoria colectiva para recuperar relatos y figuras relegados de la historia del arte argentino, a partir de bajorrelieves, frisos e instalaciones con materiales como el yeso, la arcilla o el metal.
En MOSTRA Gallery (Principal) se presenta con piezas de su trabajo Espejo de agua, en torno a la figura de Lola Mora y su proyecto de 1903 para el Monumento a la Bandera de Rosario, una obra concebida para el centenario que fue rechazada tras llegar a la ciudad en 1925 y permaneció durante décadas entre pérdidas, traslados y restauraciones parciales.
Así, revisó el tamaño, la composición y las piezas que integraban el monumento original y examinó fotografías de archivo para producir nuevas obras a partir de fragmentos, bocetos y ausencias.
Licenciada y profesora en Artes Visuales por la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Rosario, amplió su formación y su desarrollo conceptual mediante clínicas de obra con referentes del arte contemporáneo santafesino: trabajó con Lila Siegrist en 2014 y con Georgina Ricci. Tuvo muestras institucionales en el Museo Castagnino, donde además recibió el Premio Adquisición Fundación Castagnino en el 76° Salón Nacional de Rosario, y sus obras formaron parte de muestras en el Museo Rosa Galisteo, el Salón Nacional de Tucumán y Bienalsur, entre otras.
Reconocido por su trabajo como investigador y curador de fotografía, Francisco Medail presenta en Rolf (Principal) un corrimiento de la historia oficial, a partir de una reescritura con una selección de imágenes de archivo anónimas que plantean una pregunta incómoda: ¿dónde termina el descubrimiento y dónde empieza la invención?
Así desplaza esas fotografías de procedencia heterogénea (institucional, periodística, amateur) del archivo documental al espacio de exhibición artística, en una operación que la historiadora y crítica Verónica Tell llamó "una provocación historiográfica", con la serie "Fotografías 1930-1943", que ya se presentó en la galería en 2017 y volvió en 2022 en el Museo Caraffa de Córdoba.
El recorrido de las imágenes cubre la geografía y la vida cotidiana de la ciudad: el Puerto de Buenos Aires, la Avenida de Mayo, el barrio de La Boca, Palermo, Liniers, Pompeya, Belgrano, Olivos. Aparecen también escenas del velatorio de Hipólito Yrigoyen, el Congreso Eucarístico Internacional, la Sociedad Rural Argentina, el Partido Socialista Obrero y la figura de Agustín P. Justo —el presidente que encarnó la Década Infame, el período de fraude electoral y corrupción que arrancó con el primer golpe cívico-militar del siglo en Argentina, en 1930.
Medail (Entre Ríos, 1991) es curador de fotografía del Palacio Libertad (ex CCK) y director de la colección editorial Pretéritos Imperfectos, dedicada a teorías y prácticas de la fotografía latinoamericana. Su obra integra colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes, la Fundación Larivière y el Getty Research Institute de Los Ángeles. En 2026, publicó dos libros: Diente roto a la izquierda, por Ripio Editora, e Imagen Impresa. Fotografía y libros en Argentina, por la editorial Atlas.
La artista visual y performer Valentina Quintero (Mendoza, 1997) debuta con la galería Ruth Benzacar (Principal) con tres obras de pastel tiza y pastel al óleo sobre papel, que revelan su interés por llevar a lo escénico su abordaje sobre la feminidad, la reescritura de la historia del arte desde una perspectiva trans, la cultura de masas y la identidad desde la fantasía.
Las obras de Valentine, su nombre de performer, se mueven entre las curvas del deseo y el contraste de colores, para elevar una memoria corporal de sus acciones performáticas.
Allí los cuerpos resuenan como manifestaciones poderosas en una nocturnidad que se sugiere artificial a través de los haces de luces que van ingresando en la escena para construir una monumentalidad que remite al muralismo desde una perspectiva contemporánea.
Artista multidisciplinar, ya que también indaga en las instalaciones, el dibujo, la foto-performance y la música, Valentina se formó en teatro y canto y también en el Programa de Artistas de la Universidad Torcuato Di Tella y clínicas con Silvio Lang, Diana Aisenberg, Pilar Altilio, Marisa Rossini, Juan Tessi y Florencia Rodríguez Gilles. En 2025, tuvo su primera individual institucional con Un día en la vida en el Museo Moderno.
En Casa Proyecto (Utopía) Belén Boeris (Ramallo, PBA, 1995) trabaja con representaciones que transitan de figuras orgánicas hacia imágenes que combinan el cuerpo físico con la figura del usuario digital: siluetas estilizadas, exageradas y personajes de género ambiguo, a medio camino entre lo humano y lo etéreo.
La curadora Carla Barbero describió que su representación opera sobre "las mujeres que regresan y con ellas la pregunta por la materia de la que estamos hechas, aunque la naturaleza de estos seres permanece ambigua: no sabemos si son personas, personajes o usuarias".
En ese sentido, su obra no se centra en los debates tecnológicos ni en el uso de la inteligencia artificial, sino en lo que denominó "una obsesión más antigua, compartida por toda la historia del arte: la imaginación del cuerpo, incluso cuando es virtual".
Se formó en la Licenciatura en Artes Visuales de UNA y participó en el Programa Artistas x Artistas de Fundación el Mirador. También asistió a clínicas de obra con Pablo Siquier, Diana Aisenberg, Carla Barbero y Javier Villa, y al taller de análisis teórico DEA con Alfredo Aracil. actualmente el programa de artistas de la UTDT.
A través de la pintura y la instalación, Paloma Klenik (Buenos Aires, 1997) explora la experiencia de las jóvenes en Buenos Aires, el erotismo y la exposición de la intimidad en internet.
Su obra reúne imágenes de la vida nocturna, referencias históricas y códigos de plataformas digitales para indagar en cómo se construye y se observa la subjetividad urbana, con una mirada sobre si misma y la percepción ajena.
En hipopoety (Utopía) trabaja con la figura de la propia voyeur, el autodescubrimiento y la hiperexposición en pinturas que construyen atmósferas íntimas que, a la vez, quedan expuestas ante un observador.
El recorrido artístico descrito se apoya en la formación entre pares y en proyectos de autogestión de la escena local, en lugar de limitarse a una trayectoria académica tradicional, como el programa Artistas x Artistas de la Fundación El Mirador, o la Residencia Epecuén de AAMM.
En su práctica, Justo Palleja (CABA, 2005) combina pintura, dibujo y escultura, pero tiene en el collage su principal método de trabajo. Su obra surge durante un proceso de superposición, corte y mezcla de registros, climas y referencias, sin un plan previo ni una intención de construir un mundo coherente desde el comienzo.
En la debutante galería Fantasma (Utopía), presenta escultura y pinturas de técnica mixta sobre cartón o madera, en las que los personajes parecen surgir de un ponche de ácido lisérgico, donde lo animalístico, lo religioso y lo cotidiano se reflejan desde una ironía exagerada.
En Palleja, la precariedad define tanto los materiales como el proceso: utiliza objetos simples, económicos, encontrados, regalados o disponibles. El error, la inestabilidad y el accidente forman parte de las obras, que también incorporan referencias del cine, la música, la calle, personajes conocidos y experiencias personales.
Fotos: Gentileza de las galerías