El economista Daniel Artana consideró que el Gobierno podría flexibilizar su estrategia monetaria para impulsar la actividad económica, sin abandonar el orden fiscal ni los principales lineamientos del programa. También advirtió sobre los riesgos que plantean la incertidumbre política y la evolución de Brasil.
La economía argentina atraviesa un escenario de señales contrapuestas: mientras algunos indicadores muestran dificultades para recuperar el dinamismo, las exportaciones se benefician de la mejora de los precios internacionales y del desempeño del sector energético.
En ese contexto, en diálogo con Infobae en Vivo, Artana planteó que existe margen para revisar algunos aspectos de la política económica, en particular la dureza de la estrategia monetaria, con el objetivo de favorecer la recuperación.
"Parecería que tenés algún espacio para ser un poquito menos prudente" en lo monetario, sostuvo el economista. Según explicó, una mayor flexibilidad podría contribuir a movilizar la actividad, aunque con el riesgo de que la inflación deje de descender al ritmo esperado. "No es irte a una política laxa o tirar todo por la borda", aclaró.
Para Artana, el desafío del Gobierno consiste en encontrar un equilibrio entre la continuidad del programa económico y la necesidad de corregir algunos aspectos que podrían estar limitando la recuperación.
En ese sentido, señaló que, dado que la política fiscal constituye el centro de la estrategia oficial y tiene poco margen para modificaciones, cabe preguntarse por qué la política monetaria debe mantenerse tan restrictiva.
El economista también cuestionó la idea de que la inversión pública pueda quedar completamente relegada. Consideró que la Argentina necesita evaluar un programa de infraestructura que complemente las privatizaciones, especialmente en aquellos sectores en los que los compromisos de inversión no resultaron suficientes. A su entender, introducir cambios de ese tipo no implica abandonar el rumbo económico.
Al analizar la evolución de la actividad, Artana señaló que el segundo trimestre registró una caída respecto del primero y que el período terminó con un nivel de actividad algo mejor que el promedio trimestral. En ese marco, anticipó que podría observarse alguna reacción en los indicadores durante el cuarto trimestre y comienzos del próximo año.
Sin embargo, advirtió que el panorama presenta factores que pueden favorecer o dificultar la recuperación. Entre los elementos positivos mencionó la mejora de los precios internacionales de exportación y el desempeño del petróleo, que contribuyó a impulsar las ventas externas argentinas.
El encarecimiento de la energía, no obstante, también tiene consecuencias sobre el mercado interno. Según explicó, las subas del petróleo terminan trasladándose a los consumidores y funcionan como un costo adicional para la economía, aunque al mismo tiempo favorecen las inversiones de las compañías del sector.
Otro de los factores que sigue de cerca es la evolución de Brasil, un socio comercial clave para la Argentina, particularmente por su importancia para las exportaciones industriales. Artana advirtió que una apreciación del tipo de cambio brasileño puede complicar la competitividad de los productos argentinos tanto en ese mercado como frente a las importaciones provenientes del país vecino.
En ese escenario, destacó que el esquema cambiario argentino ofrece herramientas diferentes de las que existían durante la convertibilidad. Mientras que a fines de los años noventa la devaluación brasileña obligaba a la Argentina a ajustar mediante una deflación de precios y costos, actualmente el peso flota dentro de bandas cambiarias.
Por eso, sostuvo que, si se confirma la depreciación del real, el tipo de cambio argentino debería poder ajustarse en consecuencia. La discusión, planteó, pasa por determinar si el Gobierno busca intervenir para reducir la volatilidad o si pretende frenar el movimiento del mercado. "Una cosa es que trate de bajar la volatilidad, otra cosa es que quiera ir en contra de la corriente", señaló.
Artana también destacó que la discusión política comenzó antes de lo habitual y que esa incertidumbre puede condicionar las decisiones de inversión. A su juicio, el interrogante central es cuáles serán las reglas de juego de la economía después de 2027 y si el programa económico actual contará con respaldo político para continuar.
"El programa económico puede no ser validado en las elecciones del año que viene", advirtió.
En particular, señaló que algunos sectores de la oposición plantean revisar aspectos centrales de la estrategia oficial, como la política fiscal, los subsidios energéticos y al transporte, el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y las privatizaciones.
"Es patear el tablero", resumió al referirse a esas propuestas. Según explicó, la posibilidad de que se reviertan las reglas económicas puede llevar a que los inversores posterguen decisiones hasta tener mayor claridad sobre el escenario futuro.
Para el economista, la incertidumbre política es especialmente relevante en una economía que todavía debe recomponer sus reservas internacionales y atravesar una transformación productiva. En ese proceso, consideró que no resulta realista esperar tasas de crecimiento de entre 4% y 5% anual de manera inmediata.
Artana remarcó que la Argentina acumula dos décadas sin avances significativos en productividad y que recuperar ese terreno requiere tiempo. También vinculó parte de las dificultades del empleo formal con la reasignación de recursos entre sectores, un proceso que puede prolongarse durante varios años.
"Argentina tiene la posibilidad de recuperar el terreno perdido otra vez si no nos pegamos un tiro en el pie", afirmó. En esa línea, diferenció la posibilidad de corregir errores de política económica de un cambio drástico en las reglas de juego.
Entre las señales que podrían contribuir a una mejora del consumo, Artana mencionó que los salarios llevan algunos meses creciendo levemente por encima de la inflación y que la morosidad de los préstamos a las personas comenzó a disminuir. Ambos factores, consideró, podrían favorecer una recuperación hacia el cierre del año y el comienzo del próximo.
También señaló que el Gobierno puso en marcha distintas medidas para estimular la actividad, como la posibilidad de otorgar créditos en dólares a personas que no son exportadoras y las iniciativas vinculadas con el financiamiento hipotecario y las tarjetas de crédito. Sin embargo, evaluó que se trata de instrumentos acotados frente a la magnitud del desafío.
En cuanto a las perspectivas de crecimiento, estimó que la economía podría expandirse alrededor de 1% este año, posiblemente algo menos, mientras que para 2027 el avance podría ubicarse por encima del 2%, sujeto a la evolución internacional y a las decisiones de política económica.
La clave, insistió, será sostener los pilares del programa sin descartar ajustes que permitan mejorar el desempeño de la actividad.
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