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Miércoles 28 de Octubre de 2026

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CULTURA

28 de octubre de 2026

Un oráculo de tres mil años que responde mejor que la inteligencia artificial

La autora de 'I Ching: Libro de los cambios: Una lectura para el presente' cuenta cómo y por qué se embarcó en la fascinante aventura de actualizar el milenario texto para lectores contemporáneos

Un oráculo de tres mil años que responde mejor que la inteligencia artificial

Fuente: Netfan Servicios

El tarot está hoy por todas partes, mientras que el I Ching, el oráculo más antiguo, casi no se nombra. Pocos libros tienen una genealogía tan extraña y una lista de aficionados tan ilustre. Bob Dylan, en 1965, dijo que era "lo único que es asombrosamente verdadero, punto". Leonard Cohen lo tenía sobre una mesa vacía y, cuando le preguntaban qué era, sacaba del bolsillo unas monedas y mostraba cómo consultarlo. Hermann Hesse lo guardaba en su mesa de luz, junto a la Biblia, y escribió que el I Ching "puede transformar una vida". Borges le dedicó un soneto. Carl Jung escribió el prólogo que lo hizo famoso en Occidente.

En su origen, el I Ching no fue un libro sino un procedimiento: hace más de tres mil años, los adivinos de la dinastía Shang grababan preguntas sobre huesos de animales y caparazones de tortuga; les aplicaban calor y, en las grietas labradas por el fuego, leían la respuesta. De esa operación —que en tiempos modernos pasó a ser arrojar tres monedas sobre una mesa— nació toda una cosmología y una filosofía. Durante siglos, el I Ching fue un oráculo de Estado que los emperadores consultaban antes de declarar una guerra o sellar una alianza.

Yo empecé a consultarlo hace unos veinticinco años y se lo debo a mi amistad con Hugo Padeletti, poeta y artista de culto, quien fue para mí un maestro. Padeletti era lo que él mismo llamaba un seeker, un buscador persistente de sentido que había recorrido el hinduismo, el budismo zen, el taoísmo. Fue en su casa, cuando iba a tomar el té, que el libro entró en mi vida. A veces le contaba alguna cosa y él proponía hacer una tirada: yo lanzaba las tres monedas y él leía e interpretaba. En esas tardes descubrí los estados que el I Ching propicia: la atención, la paciencia, la confianza —modos de presencia que la vida actual lleva a frecuentar cada vez menos—. Y una filosofía que enseña a leer el momento, a encontrar los caminos menos forzados, a afinar la percepción.

Después de que Padeletti murió, en 2018, me encontré consultando sola. Usaba la edición que popularizó el I Ching en Occidente, la de Richard Wilhelm, un misionero protestante nacido en 1873 y que, en 1924, publicó una versión en alemán. En 1950, se tradujo al inglés con un prólogo de Jung y se convirtió en best seller. Es una obra erudita y extraordinaria. Pero también tiene cien años y es, inevitablemente, hija de su época. Ciertas cosas habían empezado a sonarme lejanas, sobre todo su tendencia a equiparar lo yin con la mujer, y la mujer con lo débil y lo que tiene la obligación de ser dócil. Por otra parte, como esa edición en español es una traducción del alemán, algunos nombres resultan opacos para un oído actual; por ejemplo, el hexagrama 28, cuyo nombre chino significa "gran exceso" y evoca sobrecarga, aparece como "La Preponderancia de lo Grande". Además, la tradición neoconfuciana que Wilhelm sigue tiende a darles un carácter jerárquico y moral a las interpretaciones, con preceptos sobre cómo debe comportarse "el hombre superior".

Un día se lo comenté a mi amiga Carolina Marcucci, diseñadora, y a ella le pasaba lo mismo cuando consultaba. Pensamos entonces que valía la pena crear una nueva versión, que acercara la sabiduría taoísta a nuestra lengua y a nuestra experiencia actual. Durante siglos, los comentarios que moldearon el I Ching fueron escritos por hombres; yo quería interpretarlo desde otra mirada y otro lugar. Desde ese mismo día empecé a sumergirme en los libros que había heredado de Padeletti y a trabajar con el Zhouyi, el texto oracular más antiguo, anterior a todos los comentarios confucianos, hecho de misteriosas sentencias breves y poéticas. Para llegar a mi versión de ese oráculo cotejé algunas de las mejores traducciones al inglés hechas por sinólogos y mantuve un equilibrio entre el respeto por el original y la búsqueda literaria de restituir su poesía en español.

Así nació I Ching. Libro de los cambios. Una lectura para el presente (Planeta). En esta edición cada hexagrama tiene cinco secciones breves. El "Dictamen" y las "Líneas" provienen del Zhouyi; la "Imagen", la "Lectura" y las "Notas a las líneas" son mías. En algunos incluí también una cita literaria, no para ilustrar el hexagrama sino para hacerlo resonar con otra voz. Carolina diseñó el libro tal como lo habíamos soñado años antes: bello y a la vez práctico —una edición viva y cotidiana, que se puede llevar en la cartera a la casa de una amiga para tirar de a dos o en grupo, como se hace con el tarot—, un objeto que da ganas de tener a mano y de regalar.

Creo que en este mundo loco todos tenemos días en que necesitamos hacer una pregunta y recibir una respuesta. Hoy el reflejo es consultarle a una máquina que promete certezas. El I Ching ofrece algo distinto. Propone entender el momento de otro modo: no la causalidad sino la transformación, no el progreso lineal sino el ciclo de fuerzas, no la acción que impone sino la que acompaña. No entrega una fórmula estandarizada, sino una imagen que se despliega distinta ante cada persona y en cada situación. Quien llegue a sus páginas con una pregunta real encontrará una respuesta que es solo suya. El libro no predice, ilumina. Cada lectura es única.

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I Ching: Libro de los cambios: Una lectura para el presente

Versión de Florencia Abbate. Editorial Planeta. 240 páginas.

[Fotos: ©Mariano Martino/ gentileza Planeta]

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