A veces, la escena es tan sencilla como tender una cama, doblar las toallas, preparar una torta casera o salir a juntar huevos mientras los chicos corretean alrededor. No hay música de fondo, luces profesionales ni una producción pensada para las redes sociales. Apenas un celular apoyado sobre una jarra, una mesada o cualquier objeto que sirva de improvisado soporte. Si un hijo aparece con una bota de cada color o ella sale despeinada, con las uñas despintadas y las botas de goma que lleva desde temprano, el video sigue adelante. Porque así es la vida de Coty Granjera y así decidió mostrarla.
Constanza Blanco tiene 42 años, nació en Merlo y vive en una granja de Tandil, donde combina la crianza de sus ocho hijos con la huerta, los animales y la elaboración artesanal de alimentos. En Instagram, donde reúne más de 133 mil seguidores, comparte desde recetas con productos de su propia granja hasta escenas de limpieza y organización doméstica.
Sin grandes producciones ni una vida de lujo, encontró en los quehaceres cotidianos una forma de conectar con miles de mujeres. "Todo lo hago yo, sin la ayuda de niñeras ni empleadas domésticas", contó en diálogo con Infobae sobre las múltiples tareas que realiza a diario.
Prepara mermelada casera con los arándanos de su árbol. Amasa el pan de masa madre. Elabora la manteca con la leche que ordeña de su vaca. Cocina panqueques con los huevos gigantes que ponen sus gansos y sirve los licuados con los frutos de su duraznero. Una vez que tiene todo listo, Constanza levanta a sus hijos y a su marido para desayunar y luego arranca con sus múltiples tareas domésticas, que causan furor en las redes sociales.
Según contó, el 90% de lo que come su familia sale de su huerta y de su granja. "Nos adaptamos a lo que la naturaleza nos da", es una de las frases que resume su filosofía de vida.
Su perfil @coty.granjera funciona como una ventana a una forma de vida en la que la cocina ocupa un lugar central, pero no es la única protagonista. Entre las publicaciones aparecen preparaciones artesanales, ingredientes recién cosechados a metros de su cocina, tareas de jardinería y escenas de la rutina familiar.
Fregar una olla después de cocinar, pasarle cera al piso, juntar la leña para el hogar o dejar los ambientes ordenados son parte de ese repertorio. "Son tareas que rara vez ocupan un lugar destacado en los contenidos aspiracionales, pero que forman parte de la experiencia cotidiana de millones de personas", señaló Coty.
En el universo de las redes sociales, donde abundan los viajes, los restaurantes de moda, los vestidores interminables y las casas impecables preparadas para una sesión de fotos, Coty encontró un camino diferente. Su atractivo no depende de exhibir una vida extraordinaria, sino de mostrar las actividades que se repiten todos los días en un hogar.
Cuando habla de sus ocho hijos, Coty vuelve una y otra vez a la importancia de estar presente. Su hijo mayor tiene 17 años y está por terminar el secundario.
A lo largo de estos años, ella se propuso acompañarlos en los actos escolares, las reuniones y las actividades que forman parte de su crecimiento. "Nunca falté a un acto escolar de ninguno de mis hijos, ni a ninguna reunión del colegio, nada. Siempre estuve presente para cada uno", contó.
Para ella, la maternidad requiere dedicación, organización y atención a las necesidades particulares de cada hijo. Además, rechaza la idea de que una familia numerosa implique necesariamente que alguno de los chicos reciba menos cuidado.
"Para mí, ser una ama de casa es una profesión", enfatizó con total seguridad esta mujer, que antes de dedicarse por completo a la maternidad trabajaba como profesora de música. "Así como los médicos se dedican a cuidar la vida de sus pacientes, yo me dedico a mis hijos", ejemplificó.
Su objetivo no es solamente que tengan la comida preparada, la ropa limpia o las necesidades cotidianas resueltas. También quiere que crezcan con recuerdos de una infancia compartida, con tardes entre animales, amigos que llegan a jugar a la chacra y comidas caseras alrededor de la mesa. "Es una forma de dejarles una herencia que va más allá de los bienes materiales: enseñarles a cuidar, a disfrutar de las cosas sencillas y a valorar el tiempo juntos", explicó.
En este Día de la Madre, su mensaje no apunta a la perfección ni a una maternidad sin cansancio. Tampoco propone una receta que todas deban seguir. Habla desde una convicción personal, nacida de los años que pasó criando a sus hijos y construyendo la vida que quería para su familia.
"Yo siempre digo: 'Disfruten la maternidad, disfruten sus hijos'. Porque la verdad que la vida pasa rápido", aconseja. Y agregó una reflexión que resume el sentido que le encuentra a sus días: "Disfrutar la familia. Cocinar para ellos, que se queden con esos recuerdos de su mamá. De una mamá que se ocupó, que disfrutó también de estar con ellos".
Coty no tiene equipo de grabación, no contrata editores ni reserva un horario de oficina para generar contenido. Filma mientras cocina, limpia o trabaja en la granja, y después aprovecha algunos minutos libres para editar los videos desde el celular. "Todo es muy casero. Lo hago yo a pulmón un ratito. Voy a CapCut, edito y listo", explicó.
La espontaneidad también se refleja en los detalles: "Lo hago con sonido real porque muestro mi vida tal cual es. En los videos podés escuchar el cuchillo que corta una cebolla, las cacerolas que se golpean y los sonidos de los animales desde el campo".
Detrás de esa decisión hay algo más que una estrategia que terminó funcionando en Instagram. Coty no busca construir un personaje para las redes ni transformar su casa en un escenario. Su contenido nace de lo que ya hace todos los días. La cámara simplemente registra una parte de esa rutina.
La repercusión de sus videos fue de tal magnitud que excede las pantallas. "Hoy me reconocen por la calle, recibo llamados de radios y acumulo cientos de mensajes de mujeres que encuentran en mis videos inspiración, compañía o una manera diferente de mirar las tareas de todos los días", describió.
Su jornada empieza temprano. A las seis de la mañana lleva a los chicos al colegio y, cuando regresa, se ocupa de alimentar a los animales, abrir los corrales y revisar que todo esté en orden. La primera recorrida por la granja le lleva alrededor de media hora, aunque después hay otras tareas que se distribuyen a lo largo del día.
En el predio conviven unos cuarenta conejos, tres burras, cinco caballos, dos ovejas y decenas de gallinas, patos y gansos. También hay perros y gatos. "Los animales no están destinados al consumo: son parte de un emprendimiento familiar recreativo, pensado para que sus hijos disfruten de la infancia en contacto con la naturaleza", aclaró. "Son sus mascotas", agregó.
La huerta y los frutales completan el proyecto. La familia tiene alrededor de cincuenta olivos, un pequeño viñedo y árboles de manzanas, naranjas, mandarinas, arándanos, guayabas, ciruelas y duraznos. Cuando llega el momento de cosechar, Coty aprovecha la producción para preparar dulces, tortas y otras recetas caseras.
Su vínculo con el campo viene de la infancia: "Mi papá, que era ingeniero agrónomo y falleció, me transmitió el interés por los animales y las actividades rurales. Juntos compartíamos conversaciones y lecturas que fueron alimentando esa pasión".
Cuando formó su familia con Benito, quien administra la fábrica de chacinados Las Dinas, quiso continuar ese camino y construir una granja autosustentable. "La intención es que los chicos conozcan el origen de los alimentos, aprendan a cuidar a los animales y participen de las actividades cotidianas", remarcó.
Uno de sus compañeros más entusiastas es Belisario, su hijo de 11 años con Síndrome de Down, que la ayuda con las tareas y está atento a los nacimientos de los gansitos y al comportamiento de las gallinas. "Los más chicos también participan, cada uno a su manera. En cambio, los más grandes, son los que menos aparecen en cámara y yo lo respeto", contó.
Su secreto para mantener una casa numerosa no pasa por una fórmula mágica, sino por la organización y por tratar de evitar los excesos. "Yo creo que la clave es ser una persona muy organizada", admitió.
En esa organización, considera fundamental tener pocas cosas y mantener al día los espacios que más se utilizan. "La clave es tener pocas cosas en la casa, una casa un poco más minimalista, no tener cosas de más", explicó. Y tiene una recomendación que repite a sus seguidores: "Siempre digo: chicos, hay que tener el lavadero al día".
Su máquina de coser también ocupa un lugar central. "Emmiendo la ropa de los chicos y también suelo confeccionar alguna que otra prenda", relató en alusión a disfraces y a vestidos para su única hija mujer. "Son habilidades que fui incorporando con curiosidad. "Me nace naturalmente. Es como que tengo un don ahí, algo ancestral", contó.
Su relación con el tiempo también es particular. Incluso cuando termina las obligaciones, suele buscar alguna actividad nueva. Si la casa está ordenada y los chicos están atendidos, puede ponerse a preparar pan en lugar de sentarse a mirar una película. "Al finalizar el día necesito poder decir: 'Mi día fue productivo, valió la pena y lo hice valer'", reconoció.
Esa energía es parte de lo que despierta admiración entre sus seguidores, aunque Coty no pretende que todas las mujeres vivan de la misma manera. Habla desde su experiencia, desde lo que le gusta y desde las decisiones que tomó para su familia.
La comunidad que construyó también tiene su costado menos amable. Junto con los mensajes de agradecimiento y admiración, recibe críticas por su aspecto, por las tareas domésticas que realiza y por el modelo de maternidad que muestra.
Algunos comentarios la describen como una "mujer sometida" o cuestionan que no tenga un trabajo fuera de su casa. Otros apuntan a sus manos, a sus uñas o a que no se arregla para aparecer en cámara.
Coty no niega que esos mensajes existan, pero procura no convertirlos en el centro de su vida. "Yo elijo mi vida", respondió. Y frente a quienes le preguntan por qué no trabaja afuera, explica que no siente que deba hacerlo para demostrar independencia: "¿A dónde? Tener a alguien que me mande para hacer lo que yo... Si yo soy mi propia patrona, yo me manejo mis horarios, mi día como me gusta a mí".
La posibilidad de pasar una tarde en un spa tampoco le resulta necesariamente atractiva. No cuestiona a quienes disfrutan de esos espacios, pero explica que, en esta etapa de su vida, prefiere dedicar ese tiempo a sus hijos.
Algo parecido ocurre con los cuestionamientos sobre su aspecto: "Mis manos ásperas y rústicas son parte de la vida que disfruto. Si vos querés tener tus uñas divinas y te hace feliz, perfecto. Pero en mi caso no me hace feliz".
Con la misma claridad responde a quienes interpretan su elección como una señal de falta de autonomía. Asegura que su marido la acompaña y que podría trabajar fuera de casa si así lo quisiera. "Él me deja hacer lo que quiera. Ahora, lo que me hace feliz a mí es estar acá, en la granja y con los chicos", indicó.
En esa explicación aparece uno de los puntos centrales de su historia: Coty no presenta su estilo de vida como una obligación, sino como una elección personal. Sabe que no todas las familias tienen las mismas posibilidades y reconoce que muchas madres quisieran pasar más tiempo con sus hijos, pero deben trabajar largas jornadas fuera del hogar. "Yo lo hago porque puedo y la verdad es que me fascina", concluyó.