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Miércoles 14 de Octubre de 2026

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POLITICA

14 de octubre de 2026

El arzobispo Jorge Lozano: "Queremos privilegiar la salud del Papa, el viaje a la Argentina se puede reprogramar"

El arzobispo de San Juan de Cuyo, el último argentino que vio a León XIV antes de la operación por un cáncer de pulmón, habló con Infobae desde Roma y describió el impacto de la noticia: "Fue un shock". Reveló cómo encontró al Pontífice y qué conversaron sobre su enfermedad

El arzobispo Jorge Lozano: "Queremos privilegiar la salud del Papa, el viaje a la Argentina se puede reprogramar"

Fuente: Netfan Servicios

La incertidumbre sobre el viaje del papa León XIV a la Argentina comenzó a ocupar un lugar central en las conversaciones de la Iglesia después de que la intervención quirúrgica a la que fue sometido el Pontífice confirmara que padecía cáncer de pulmón. Mientras el Vaticano seguía de cerca su evolución, el arzobispo de San Juan de Cuyo, monseñor Jorge Lozano, planteó en una entrevista con Infobae que la prioridad era su recuperación y que, si las recomendaciones médicas lo requerían, la visita podría realizarse en otra fecha. "Si hay que reprogramar, se reprogramará", afirmó en una entrevista con Infobae desde Roma.

Lozano fue el último argentino que mantuvo una audiencia privada con León XIV antes de su internación. El encuentro se realizó el lunes por la mañana, cuando el Papa ya había anunciado públicamente que debía someterse a una operación. Durante casi media hora conversaron sobre la situación de la Iglesia, las actividades del arzobispo en San Juan, las dificultades que enfrentan los jóvenes argentinos y los preparativos de una visita que generaba una gran expectativa.

El testimonio del prelado adquirió una relevancia especial después de conocerse el diagnóstico. El Pontífice seguía entusiasmado con su viaje a la Argentina y conversó sobre las celebraciones previstas como si el programa permaneciera sin modificaciones. Incluso manifestó un interés particular por la vigilia de oración con los jóvenes que se proyectaba realizar en el Monumento de los Españoles, en la ciudad de Buenos Aires.

"Conversamos como si todo siguiera en pie y sin modificaciones", recordó Lozano. Sin embargo, aclaró que cualquier definición sobre el viaje dependerá de lo que determinen los profesionales que atienden al Papa y de las condiciones en que se encuentre durante su recuperación.

El arzobispo también reveló detalles de una conversación personal que mantuvo con León XIV acerca de su salud. Le preguntó cómo se sentía ante la operación y recibió una respuesta que lo sorprendió por la serenidad con que afrontaba la situación. "Me dijo que estaba confiado, que no tenía ninguna molestia y que confiaba en los médicos que lo estaban atendiendo", relató.

Según describió, el Papa tenía buen semblante, conservaba su tono de voz habitual y durante la audiencia no manifestó una preocupación particular por la intervención quirúrgica que debía afrontar. "No me pareció que él estuviera preocupado. Lo estaría asumiendo en forma serena y pacífica", sostuvo.

Desde Roma, Lozano también reconstruyó el impacto que provocó la noticia sobre la enfermedad en el Vaticano. "Fue un shock, sin duda, pero después ya no hubo tanto revuelo", señaló. Contó que participó de una misa multitudinaria en la Plaza de San Pedro, presidida por el cardenal Luis Antonio Tagle, durante la cual se leyó una predicación que el propio Pontífice había preparado antes de su internación.

En ese contexto, el arzobispo explicó que había conversado con el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Marcelo Colombo, y que ambos coincidieron en que la recuperación de León XIV debía prevalecer sobre cualquier compromiso institucional o pastoral.

—Monseñor, usted fue el último argentino que vio al Papa antes de su internación. ¿Cómo recibió la noticia sobre su enfermedad y qué impresión le produjo esta situación?

—Yo la noticia de él el domingo la recibí con sorpresa. Porque todas las notas, los comentarios de prensa que se hacían acerca de su estado físico siempre fueron muy buenos. Su modo de hacer actividad física, actividad deportiva, de haber tenido cuando estuvo en Perú un despliegue físico importante, de andar a burro, estar en las inundaciones. Siendo superior de la Orden de los Agustinos, tuvo también una intensa actividad viajando por distintos países. Así que nada hacía suponer algún tipo de enfermedad de este tipo. Pero bueno, es lo que él comentó el domingo.

—¿Cómo fue el encuentro del lunes? ¿La audiencia se mantuvo a pesar de que el Papa había anunciado que debía operarse?

—Cuando yo lo vi el lunes fue en una audiencia que ya teníamos programada hace tres meses, prácticamente. Incluso antes de confirmarse formalmente su visita a la Argentina. Yo, sabiendo que viajaba a Roma porque tengo ahora el fin de semana una actividad de la Acción Católica, pedí audiencia y me la habían concedido para el lunes. Escuchando el domingo lo que él comentó en la plaza, pensé que se cancelaba la audiencia. Y, sin embargo, no. Mantuvo el lunes por la mañana las audiencias que tenía confirmadas. Así que pude estar prácticamente media hora conversando con él.

—¿Le preguntó cómo se sentía? ¿Qué le dijo sobre su estado de salud y la operación que tenía por delante?

—En la audiencia yo le pregunté cómo se sentía y me dijo que estaba confiado, que no tenía ninguna molestia y que confiaba en los médicos que lo estaban atendiendo. Y seguimos hablando de otros temas. No era algo que a él le estuviera pesando o preocupando. Estaba de buen semblante, buen tono de voz, así que era algo que él lo estaba llevando con bastante serenidad.

—El diagnóstico confirmó que se trataba de una enfermedad grave. Usted lo vio cuando estaba por ingresar a un quirófano y existía la posibilidad de que se confirmara un cáncer. ¿Cómo explica esa tranquilidad frente a una situación tan difícil?

—Yo lo vi muy bien. Y ahora estaba repasando las fotos de ese momento, de la audiencia, porque fui a retirarlas como para tener un recuerdo, y se lo ve realmente muy bien. El diálogo que mantuvimos también fue muy bueno. Y yo diría que, para nosotros como hombres de fe, la vida sabemos que es un regalo, un don de Dios, y que estamos de paso en este mundo y que más tarde o más temprano todos nos vamos a enfrentar con la muerte. Entonces no es algo que nos cause temor. Aunque yo insisto: el día que conversé con el Papa, ahora el lunes, no me pareció que él estuviera preocupado. Lo estaría asumiendo en forma serena y pacífica.

—Es una actitud que llama la atención por la gravedad de la situación.

—Sí, porque también hay alguna canción que dice por ahí: "Yo me muero como viví", ¿no? Entonces también frente a las pruebas más importantes las asumimos de acuerdo al estilo de vida.

—¿Qué información tienen sobre la evolución de su salud? ¿Hay alguna perspectiva sobre cuánto tiempo deberá permanecer en reposo y qué actividades podrá desarrollar?

—Sobre las cuestiones clínicas no conozco, así que no puedo más que repetir lo que han dicho los médicos y esperar a que ellos mismos sean los que puedan dar alguna perspectiva. Es muy reciente la cirugía como para esperar que los profesionales que lo están atendiendo nos digan qué tiempo de reposo tendrá, cuál será la actividad que podrá desarrollar. Eso todavía no lo han indicado, así que estamos a la expectativa. Yo, por lo menos, estoy con expectativas favorables hasta que se digan otras cosas. Por ahora estamos esperando.

—Una de las grandes incógnitas es qué va a ocurrir con la visita a la Argentina. ¿Hablaron sobre los preparativos del viaje y las actividades que tenía previstas?

—Sí, sí. Buena parte del tiempo. Porque una parte yo llevaba temas que quería consultarle y comentarle de tareas que estábamos haciendo en la arquidiócesis de San Juan y algunas cuestiones personales. Y buena parte fue acerca de la visita. Me preguntó sobre los lugares donde tenía previstas celebraciones. Yo lo puse un poco al tanto de lo que implicaban emblemáticamente el Monumento de los Españoles y el Santuario de Luján. A él le interesaba mucho la situación de los jóvenes en la Argentina, así que me preguntó sobre eso. Estaba muy entusiasmado con la vigilia de oración, compartir ese momento con los jóvenes también en el Monumento de los Españoles. Así que conversamos como si todo siguiera en pie y sin modificaciones.

—Es decir que el lunes, cuando usted habló con él, el Papa seguía pensando en realizar la visita tal como estaba prevista. ¿Qué puede pasar ahora con ese programa?

—Tendremos que esperar a que los médicos le digan prácticamente en forma concreta qué puede y qué no, y de ahí ver qué es lo que se replantea o si se confirma el mismo programa.

—El Gobierno argentino manifestó su disposición a modificar las fechas del viaje si fuera necesario. ¿La Iglesia comparte ese criterio? ¿Se puede reprogramar sin mayores inconvenientes?

—Si hay que reprogramar, se reprogramará. No es una fecha en que se cumplen cien años de una cosa y que, si no, no es lo mismo. Realmente, nosotros lo que queremos es privilegiar la salud del Papa y, una vez que veamos en qué condiciones está él y qué es lo que los médicos le recomiendan, haremos lo que corresponda para que podamos recibirlo en la fecha programada o ver si tenemos que replantear algo.

—¿Existe alguna comunicación sobre cuándo podría tomarse una decisión respecto del viaje?

—No. Eso dependerá de cómo evolucione el postoperatorio y lo que los médicos vayan diciendo. De eso no tenemos nosotros información. Yo, por lo menos, no tengo.

—Usted está en Roma. ¿Cómo se vivió en el Vaticano la noticia de la enfermedad del Papa? ¿Qué ocurrió entre los obispos y los fieles después de conocerse el diagnóstico?

—Fue un shock, sin duda, pero después ya no hubo tanto revuelo. Hoy tuvimos una misa en la Plaza de San Pedro a la mañana que estaba previsto que presidiera el Papa, porque era el cierre de un encuentro muy importante con presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo. Y hubo una multitud de personas igualmente, todos rezando por el Papa. El cardenal Tagle presidió la misa, delegado por el Papa, y como el Papa ya había preparado la predicación, el cardenal Tagle leyó la predicación que había preparado el Papa. Mandó sus saludos y todos estuvimos rezando por su salud.

Yo tuve oportunidad de hablar con varios obispos de América Latina, que nos conocemos, y comentaban qué iniciativas estaban haciendo en sus países de oración, de convocar a misas, rosarios y de estar pendientes y acercarle al Papa. Varios de ellos habían escrito ya acercándole el afecto, el cariño y la cercanía en este tiempo.

—¿Qué sensación predomina entre los obispos después de la operación? ¿Hay coincidencia en que ahora la prioridad es la recuperación del Papa?

—Totalmente. Así es. Estuvimos conversando justamente de eso con Marcelo Colombo, el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, porque nos vimos ahora a la mañana y decíamos eso: "Ahora lo más importante es la salud del Papa, que él se reponga y que a partir de su situación veamos cómo sigue y de qué manera se encara la situación, si se confirma todo, una parte o qué es lo que los médicos le recomienden".

—Durante la audiencia, ¿hablaron sobre la situación social y política de la Argentina? La Iglesia viene planteando públicamente su preocupación por la pobreza, la situación de los jubilados, la discapacidad y las dificultades que atraviesan los jóvenes. ¿Qué interés mostró el Papa por estos temas?

—Charlamos de todo, también un poco de eso, pero de estas cuestiones el Papa ya estaba y está informado. No es que yo venía a hacer una reunión para compartirle eso. Más bien ya habían tenido reuniones con el presidente y el secretario de la Conferencia Episcopal, de parte de algunos otros equipos. Le habían hecho llegar informes. Él sobre todo se interesó en la situación de los jóvenes.

—¿Qué quiso saber específicamente sobre los jóvenes argentinos?

—Preguntaba cuáles eran las expectativas que había, qué tipo de salida laboral tenían, si había perspectivas respecto de la realización familiar, profesional. Sí hablamos bastante sobre la situación de los jóvenes. Yo le comenté que hacía poco la Universidad Católica había entregado un informe acerca de las expectativas de vida para los jóvenes, distinguiéndolos en tercios según fuera el origen social de cada familia, las posibilidades de completar los estudios secundarios, alcanzar algún nivel universitario, de poder formar familia, de qué confianza hay respecto del futuro, problemáticas existenciales.

Y a partir de ahí, la problemática de la droga, de la violencia, de situaciones de falta de trabajo. Así que fuimos conversando de la situación social, pero no era ese mi objetivo, ni tampoco es que yo iba para hacerle entrega de algún informe en particular. Yo fui abierto al diálogo que tuviéramos y fue ocurriendo de este modo.

—Finalmente, ¿qué actividades está desarrollando en Roma y qué lo llevó a solicitar esta audiencia con el Papa?

—De jueves a domingo tengo un encuentro de la Federación Internacional de la Acción Católica. Vamos a participar alrededor de cien personas de distintos países. Aprovechando que tenía que venir a este encuentro, tuve esta reunión con el Papa, tengo otras reuniones pensadas y ya tuve otras en algunos organismos del Vaticano. Estuve visitando las basílicas de San Pedro y San Pablo, y ayer quería ir a rezar a Asís, porque durante todo este año se conmemoran los ochocientos años de la muerte de San Francisco de Asís, y rezar ante la tumba también de San Carlo Acutis y Santa Clara. Así que fue un día de espiritualidad y de poder dedicarlo a la peregrinación espiritual en este sentido.

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