La Academia Argentina de Letras distinguió a María Gainza con su Premio Literario en el género Narrativa (2023-2024) por Un puñado de flechas, una colección de quince perfiles y relatos sobre artistas, coleccionistas y detectives que el jurado describió como "un libro único por su manera de ver las cosas".
La propuesta surgió de una comisión asesora integrada por los escritores Pablo De Santis, Jorge Fernández Díaz y Esther Cross, y fue ratificada "con amplia coincidencia" por el plenario de la institución. El galardón, de carácter honorífico, se entrega en forma alternada entre los géneros poesía, narrativa y ensayo. Esta vez, el acto de premiación será el 26 de noviembre.
La Academia caracterizó el libro como "una colección de historias y perfiles de artistas, detectives y coleccionistas que configuran un cuadro mayor: el del mundo del arte y sus pliegues". El jurado destacó que Gainza escribe sobre el deseo y los secretos de esas personas "sin esfuerzos visibles", con "el estilo informal y depurado que tanto admira en algunos autores".
La AAL subrayó además la dimensión formal del volumen: "Su libro también es la prueba de que el ensayo personal, la crónica y la biografía pueden producir el efecto de un cuento en manos de alguien que sabe apuntar al blanco." Y enumeró las preguntas que atraviesan la obra: "¿Cómo transmitir con palabras el pulso de una vida o la emoción que sentimos frente a una obra? ¿Cómo contar la relación entre enfermedad y pintura, imagen visual y palabras, arte y dinero, privacidad y exposición?"
Según la Academia, la narradora "sigue las pistas de estas preguntas sin apartarse nunca del asombro, mientras su propio perfil se va dibujando".
El libro tiene la misma arquitectura que El nervio óptico: Gainza toma una figura del mundo del arte —el fotógrafo Alberto Goldenstein, el pintor Guillermo Kuitca, el director Francis Ford Coppola, la escultora María Simón, entre otros— y la convierte en un punto de partida para ir a otra parte. La anécdota satisface al curioso del arte, pero debajo corre una pregunta más incómoda: ¿qué de la propia vida se cuela en lo que se escribe, y qué queda afuera?
Dos textos concentran esa tensión con mayor intensidad. En el dedicado a Bodhi Wind —artista que pintó tres piletas para un film de Robert Altman—, Gainza tropieza en internet con un artículo firmado con su mismo nombre y escrito, dice, "con esa artillería de símiles minando el texto". Los cuadernos que esa otra María Gainza redactó durante una internación psiquiátrica llegan después: si una escribe desde la razón, la otra lo hace en pleno viaje astral. El capítulo sobre María Simón, en cambio, es una meditación sobre la autobiografía: la escultora dictó sus memorias en la vejez y prolongó en ellas el personaje que había construido en vida. Sus obras más conocidas —cajas de cartón vaciadas en metal— le dan a Gainza la imagen exacta. "Soy una caja cerrada", decía Simón. Una paloma que aparece hacia el final del libro pone el límite: "Pinturas como puertas. Nada de espacios ni tiempos paralelos o pases mágicos, con las cosas de este mundo ya tenemos suficiente."
La escritora ha explicado en más de una ocasión que su proceso de escritura es lento. "A mí me interesa mucho comunicar. Me interesa casi de la misma manera que me interesa divertir. Para mí es importante divertir y seducir con la prosa", dijo en el podcast Máquinas de escribir, de la librería Eterna Cadencia.
En esa misma conversación describió su método con una imagen precisa: "Yo escribo como un pintor del Renacimiento, por darme ínfulas; con la técnica de un pintor renacentista. Escribo por capas. A mí las oraciones en una primera vuelta me salen muy chatas. Pero vuelvo sobre ellas, vuelvo sobre el texto muchísimo. A veces miro el texto que tenía guardado un mes antes y no lo reconozco. ¿Quién pasó por ahí y corrigió todo eso?"
María Gainza nació en Buenos Aires el 25 de diciembre de 1975. Estudió Historia del Arte —carrera que no llegó a terminar— y comenzó a publicar en 2003 como crítica de arte en medios como Artforum, ARTnews y el suplemento Radar de Página/12. También trabajó para la corresponsalía de The New York Times en Buenos Aires y dictó talleres de crítica en la Universidad Torcuato Di Tella.
Su primer libro de ficción, El nervio óptico (2014), la consagró como una de las voces más singulares de la literatura argentina contemporánea y fue traducido a más de quince idiomas. En 2018 publicó La luz negra, novela sobre el mercado del arte y la falsificación, por la que obtuvo en 2019 el Premio Sor Juana Inés de la Cruz. En 2017 había recibido el Premio Konex en la categoría Artes Visuales, distinción que volvió a recibir en 2024 en la categoría Novela.
Un puñado de flechas llegó a librerías en mayo de 2024 a través de Editorial Anagrama y vuelve al territorio de El nervio óptico: quince relatos sobre artes visuales en los que el arte funciona como punto de partida para preguntas más personales.
El Premio Literario de la Academia Argentina de Letras (AAL) fue creado en 1995 por iniciativa del poeta y académico Roberto Juarroz con el objetivo de reconocer los mejores libros del trienio anterior en cada género. En sus tres décadas de historia, el galardón de narrativa recayó en figuras como Héctor Tizón, Griselda Gambaro, Abel Posse, Edgardo Cozarinsky y Daniel Guebel, entre otros.
La AAL fue fundada el 13 de agosto de 1931 y es el principal organismo académico de la lengua y la literatura en Argentina. En años recientes amplió sus distinciones a la dramaturgia y la filología, pero el Premio Literario sigue siendo su reconocimiento central en el campo de la creación.
El acto será en el salón Lugones de la Academia, el jueves 26 de noviembre, y hablará por la Academia la novelista Esther Cross.