En 2006, la película de la directora estadounidense Sofia Coppola, María Antonieta, con su estética de colores pastel y aire caprichoso, dividió al público por los zapatos de Manolo Blahnik y la banda sonora contemporánea. Sin embargo, desde entonces se convirtió en un clásico y el palacio de Versalles conmemora su vigésimo aniversario con una exposición en el Pequeño Trianón, el pequeño palacete de la finca real que fue entregado a la reina para su uso privado en la década de 1770 y donde se filmó parte del filme.
Curada por Hélène Delalex y Laurent Salomé, la muestra estará abierta hasta el 24 de enero. Reúne los vestuarios de Milena Canonero, ganadores de un Óscar, además de utilería, bocetos y fotografías. En los aposentos privados de María Antonieta, maniquíes recrean algunos encuadres de la película.
Coppola también vuelve a visitar "Marie Antoinette" en la pantalla. Cuando realizó el filme hace 20 años, alguien la observaba de cerca: su madre, Eleanor Coppola, quien filmó casi 100 horas de material detrás de escena con el propósito de hacer un documental. Eleanor Coppola murió en 2024 sin completar el proyecto, pero su hija lo terminó por ella. La película Making Marie Antoinette, una cápsula del tiempo sobre el rodaje y sobre una directora joven que comenzaba a abrirse camino, llegará a los cines de Estados Unidos el 23 de octubre.
En una reciente entrevista por video, Coppola, de 55 años, habló sobre su regreso a Versalles, su defensa de la perspectiva femenina de la película y los montajes de "Marie Antoinette" con canciones de hip-hop que ve en TikTok. Estos son fragmentos editados de la conversación.
—¿Te sorprendió que Versalles se comunicara contigo por esta exposición?
—Sí, me sorprendió muchísimo. Fue como si nos ofrecieran el Pequeño Trianón para colgar nuestros carteles. Fue surrealista volver a estar allí, en la verdadera casa de María Antonieta, con los vestuarios de nuestra versión.
Me pareció genial que los curadores se interesaran por los materiales de preparación y la investigación, así que me entusiasmé con abrir las cajas que tenía guardadas en el depósito de mi casa familiar en Napa Valley. Anne Seibel, la directora artística, también conservó muchas cosas, y Milena Canonero, nuestra gran diseñadora de vestuario, localizó diferentes piezas y reunió los accesorios para traerlo todo de vuelta. Incluso recreamos parte de la iluminación usada en la película.
—¿Qué recuerdas de cómo te sentías mientras la hacías?
—Fue muy estresante y abrumador, porque nunca había asumido algo de esa escala. Había muchísima gente para hacerlo posible, muchísimos extras y miembros del equipo. Creo que tenía esa clase de ingenuidad juvenil; no creo que ahora asumiera algo así.
Pero tenía una visión muy clara en mi cabeza y quería hacer una película de época diferente. Las que había visto mientras crecía eran grandes cuadros, basados en pinturas. Siempre sentía que se miraba la historia desde atrás, y quería que esta se sintiera como si saltaras hacia atrás en el tiempo y estuvieras vivo junto a los personajes. Cuando visité las verdaderas habitaciones privadas de María Antonieta, me impresionó que la tela fuera de un turquesa brillante. En ese momento nunca se veía eso en las películas de época: siempre predominaban los tonos tierra apagados y polvorientos.
—La representación del hastío y la falta de rumbo conecta esta película con algunas de tus otras obras. ¿En qué te basaste para darle vida?
—Intentaba imaginar cómo era la vida emocional de María Antonieta, y veía paralelismos con Los Ángeles de la época en que escribía el guion, a comienzos de la década de 2000. Veía a mujeres que iban de compras cuando no tenían otra cosa que hacer, para ocupar el tiempo. Era mi versión de lo que podía imaginar que se sentiría.
—¿Te sorprendió la polémica por los anacronismos de la película cuando se estrenó?
—Fue decepcionante que algunas personas se sintieran realmente ofendidas. Para mí, resulta difícil imaginar que la música moderna pudiera ofender tanto, y ahora se ha usado mucho. Sabía que era un poco insolente y rebelde que una estadounidense contara esa historia, pero uno nunca sabe realmente cómo se recibirán las cosas.
—Viviste en Francia unos años después de "Marie Antoinette". ¿Cuál es hoy tu relación con el país?
—Mi marido, Thomas Mars, del grupo Phoenix, es en realidad de Versalles. Su casa estaba justo en la calle del Pequeño Trianón. Se mudaron en años más recientes, pero pasábamos allí las vacaciones, lo cual era increíble. Mi hija Romy nació en París y me siento muy agradecida de que todavía pueda pasar tiempo allí. Crecí con las películas de la Nouvelle Vague francesa y siempre me he sentido apoyada por la cultura francesa.
—La reputación de la película parece haber cambiado considerablemente desde su estreno. ¿Lo percibes?
—Sin duda. Siento que tiene todo un público nuevo de gente joven. Mis hijas me muestran estos montajes con canciones de hip-hop en TikTok, que me encantan. Ha sido una sorpresa divertida, porque normalmente no se habla de tus películas después. Muchas madres e hijas dicen que la ven juntas, o algunos hombres se me acercan y me dicen que fue su salida del clóset como homosexuales.
—La película tiene una fuerte mirada femenina, y hoy se interpreta de otro modo. ¿Tuviste que luchar por esa perspectiva cuando la hiciste?
—Mi mamá filmó casi 100 horas de material documental en el rodaje. Hace poco ayudé a editarlo y hay muchas imágenes de mí insistiendo en el punto de vista femenino de la historia. Eso era muy importante para mí, y fue interesante ver que los hombres del equipo no entendían esa idea o se resistían a ella. Simplemente no existía en el cine de esa época. Hoy, los hombres con los que trabajo son mucho más abiertos.
En ese momento solo se usó una cantidad muy pequeña como material adicional para un DVD y seguimos con nuestras vidas: yo tenía hijos y me olvidé de ello. Después, durante la pandemia, toda mi familia estaba reunida en casa, en Napa. Mi mamá sacó el material para revisarlo y yo nunca lo había visto antes. Para mí fue increíble ver todos los detalles que había registrado, todo el trabajo artesanal: los vestuarios, las pelucas, las flores.
Y ella realmente quería hacer algo con ello. Murió hace dos años, pero al final de su vida era muy importante para ella que termináramos esta película. Le prometí que lo haría. Durante el último año he trabajado mucho con un editor y una amiga de mi mamá, intentando pensar cómo habría querido que se hiciera, aunque me cuesta tener perspectiva porque aparezco en ella y me avergüenza ver a mi yo joven.
—¿Por qué?
—No tengo tanta seguridad para afirmarme. Estoy un poco buscando mi camino como directora joven. Y pensé que quizá sería interesante para otros jóvenes interesados en el cine ver que hay un proceso en la forma en que uno evoluciona como persona creativa.
También soy yo viendo a través de los ojos de mi madre, ella observando trabajar a su hija. Fue muy emocionante trabajar en ello, y sentí que era un regalo que ella me dejó.
Fuente: The New York Times