Hay autores que escriben con tinta y otros que parecen hacerlo con destilados. En el caso de Amélie Nothomb (Kobe, Japón, 1967), la sustancia que mueve los engranajes de su prolífica maquinaria literaria —una novela por año, sin falta, desde 1992— es el champán. Para la escritora belga, las burbujas no representan una frivolidad burguesa ni un festejo de fin de año; son una categoría filosófica, un disolvente del dolor existencial y, fundamentalmente, oro en estado líquido. Empecemos.
"¿Usted que está obsesionado por el oro, no sabe que el champagne es su versión fluida?", escribió en Barba Azul (2012), donde reescribe el célebre y siniestro cuento infantil de Charles Perrault para transformarlo en un duelo dialéctico de alta costura, teología y alta gastronomía. En la novela, la acción se traslada a un fastuoso y hermético palacio en París. Allí vive Don Elemirio Nibal y Milcar, un aristócrata de origen español, ultracatólico, misógino y profundamente obsesionado con el color oro.
Don Elemirio busca inquilina para compartir su mansión a un precio irrisorio, bajo una única condición: no entrar jamás a la cámara oscura de la casa. Varias mujeres ya han desaparecido tras cruzar ese límite. La última en llegar es Saturnine, una joven inteligente, independiente y con una fuerte personalidad que se niega a ser intimidada. Es ella quien, en medio de una de las opulentas cenas que comparten —regadas siempre con el mejor Laurent-Perrier Grand Siècle—, le espeta a su anfitrión esa frase.
Con esa sola línea, Saturnine no solo desarma la soberbia de su captor, sino que hackea su obsesión. Si Don Elemirio pretende atrapar la luz y la eternidad a través del oro sólido, la protagonista le demuestra que la verdadera trascendencia es efímera, líquida y se bebe. Barba Azul es un libro bisagra en la bibliografía de la autora. Llegó exactamente veinte años después de su impactante debut con Higiene del asesino (1992) y demostró que la fórmula del "combate verbal" seguía más viva que nunca.
La importancia de esta obra radica en cómo condensa los grandes traumas y fetiches de la escritora: el encierro voluntario, la sumisión femenina frente al poder (un eco de su obra maestra Estupor y temblores), el canibalismo social y la comida como arte. Al reescribir a Perrault, Nothomb rescata a la damisela en peligro y le otorgar un intelecto superior. Saturnine se defiende de la muerte con argumentos teológicos, discusiones sobre el color de los vestidos y, por supuesto, copas de champán.
¿Cuánto de esta frase resume el pensamiento de su autora? Prácticamente todo. Para entender a Amélie Nothomb hay que entender su relación con la ebriedad. En su posterior novela Pétronille (2014), confiesa que la búsqueda de la "compañera ideal de borracheras" es un asunto de vital importancia. Para ella, el champán posee una cualidad alquímica: transmutar la pesadez de la realidad en algo tolerable. Al definirlo como "oro fluido", Nothomb eleva el acto de beber a un ritual sagrado.
No se trata de emborracharse para olvidar, sino de encender la mente. En su universo, el oro sólido es estático, pertenece a los muertos y a los tiranos; el oro fluido, en cambio, circula por las venas, agudiza el ingenio y permite la réplica exacta. Fiel a su estilo provocador, Amélie Nothomb nos recuerda que el presente hiperconectado y materialista a menudo se equivoca de tesoro. El verdadero lujo no se acumula en cajas fuertes; se sirve frío, burbujea y se comparte antes de que se acabe el tiempo.
Amélie Nothomb nació en Kobe, Japón, el 13 de agosto de 1967. Hija de un aristócrata y diplomático belga, pasó su infancia y adolescencia en un periplo por China, Laos, Bangladesh y Birmania. A los 17 años se trasladó a Bélgica para estudiar Filología Románica en la Universidad Libre de Bruselas. Tras un duro e infructuoso regreso a Japón como traductora en una corporación nipona decidió volcarse por completo a la literatura para canalizar sus crisis existenciales y una severa anorexia juvenil.
Actualmente vive y reside en París, Francia, tiene 59 años y se mantiene como una de las voces vivas más prolíficas de las letras francófonas, publicando una novela al año desde Higiene del asesino en 1992. Su obra, caracterizada por la brevedad, el humor negro, la mitología y la autoficción, le ha valido galardones de la talla del Gran Premio de Novela de la Academia Francesa y el prestigioso Premio Renaudot en 2021 por Primera sangre. Es un ícono de la extravagancia gótica y una bestseller ineludible..