Hace solo unos días regresé de Nueva York, después de representar al Perú ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. Vuelvo con la profunda convicción y optimismo sobre el futuro de nuestro país, somos capaces de generar confianza, y esto no solo depende del gobierno de turno, también depende de todas las instituciones que conforman al Estado.
Fuimos a las Naciones Unidas con dos mensajes muy claros. El primero: vamos a enfrentar y derrotar al crimen organizado, como el Perú fue capaz de derrotar al terrorismo. El segundo: el Perú es un país en el que vale la pena confiar, invertir y construir futuro.
No son dos objetivos separados. Sin seguridad no hay inversión. Sin inversión no hay empleo. Y sin empleo y oportunidades tampoco podremos construir una sociedad verdaderamente segura.
Hoy el crimen organizado ya no es solamente un problema de delincuencia común. Las organizaciones criminales cruzan fronteras, manejan enormes cantidades de dinero y conectan el narcotráfico con la minería ilegal, la extorsión, el secuestro, la trata de personas y el lavado de activos.
Por eso esta lucha no puede librarla ningún país en solitario...
Buscar aliados también es gobernar.
La cooperación internacional no es dependencia: es capacidad de gestión.
Tender puentes no es debilidad. Es política. Es gestión. Es Estado.
Y es que no nos hemos presentado ante el mundo con la mano extendida; nos hemos presentado con propuestas para trabajar juntos.
En Nueva York buscamos fortalecer la cooperación internacional, el intercambio de inteligencia y la capacidad para golpear donde más les duele a estas organizaciones: sus estructuras y sus rutas de dinero.
Ese fue el sentido de nuestra reunión con Mónica Juma, directora de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, y también de nuestra participación como miembros plenos del Escudo de las Américas. Asimismo, reafirmamos el respaldo del Perú al Compromiso Regional de Santiago.
El objetivo detrás de todas estas iniciativas es uno solo: que las fronteras que hoy aprovecha el crimen comiencen a ser utilizadas por los Estados para perseguirlo y derrotarlo.
El Perú ya conoce el precio del terror. También conoce el valor de enfrentarlo.
Lo hicimos antes y podemos volver a hacerlo, siempre dentro de la ley, con decisión política, cooperación internacional, inteligencia y unas fuerzas del orden profesionales y respaldadas por su Estado.
También con sentido de urgencia, por supuesto. Pero sabiendo que hacerlo así, no pasa por desconocer los procesos y los plazos, ni, mucho menos, por gobernar a trompicones ni con la improvisación con la que se ha venido actuando, sino hacerlo a paso firme y con el rumbo y el objetivo claro.
Pero proteger a los peruanos no significa únicamente combatir delincuentes.
También significa anticiparnos a las amenazas de la naturaleza.
Con el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, conversamos sobre el Fenómeno El Niño y sobre el trabajo preventivo que nueve agencias de las Naciones Unidas desarrollan en Tumbes, Piura, Lambayeque y La Libertad.
Durante demasiado tiempo, en el Perú nos acostumbramos a reconstruir después de las tragedias. Tenemos que cambiar esa lógica.
Este mega fenómeno El Niño, quizá el más fuerte en muchas décadas, se presenta para nuestro gobierno en una etapa posterior a la de la prevención, nos tocará la etapa de preparación y mitigación de daños. Sin embargo, lejos de deslindar responsabilidades, las estamos enfrentando con el mismo sentido de urgencia que esperamos ver también, en quienes tienen la responsabilidad de entregarnos las mejores herramientas para actuar, no en beneficio de un gobierno, sino para bien de todo el país.
Por eso estamos trabajando desde ahora para proteger vidas, viviendas, carreteras, puentes y producción. Cada sol invertido oportunamente puede significar una familia protegida y una comunidad que no tenga que empezar nuevamente desde cero después de una emergencia.
El otro gran mensaje de nuestro viaje fue económico.
El Perú necesita inversión. No como una cifra para exhibir en una estadística, sino porque detrás de cada inversión hay empresas, proveedores, trabajadores, familias y oportunidades.
En nuestras reuniones bilaterales, con empresarios e inversionistas, y representantes de la sociedad civil y de la academia como el Adam Smith Center for Economic Freedom, el Consejo Empresarial Alianza por Iberoamérica, el Council of the Américas y el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, presentamos una visión concreta: queremos convertir al Perú en una gran plataforma logística y productiva de América Latina.
Tenemos con qué hacerlo. Contamos con recursos naturales extraordinarios, una posición privilegiada frente al Pacífico, puertos con enorme potencial, talento humano y una economía que ha demostrado capacidad para resistir momentos muy difíciles.
En la Bolsa de Valores de Nueva York tuvimos la oportunidad de precisar algunos datos que hablan por sí solos: el Perú cuenta con más de cien mil millones de dólares en reservas internacionales, mantiene una de las inflaciones más bajas de la región y conserva instituciones económicas que debemos proteger.
En este viaje hubo un mensaje muy simbólico para nuestro país, que fue el Campanazo en el Wall Street que nos dio visibilidad y que demuestra que hay confianza en el Perú.
Nuestra posición es sencilla: el Estado debe establecer reglas claras, garantizar seguridad jurídica y facilitar la inversión, no convertirse en un obstáculo permanente para quien quiere producir y generar empleo.
Queremos inversión nacional y extranjera, empresas grandes, medianas y pequeñas, y que quien tenga una buena idea y esté dispuesto a trabajar encuentre oportunidades para crecer en el Perú.
La inclusión financiera también significa libertad y oportunidades.
Para nosotros, la política exterior tiene sentido cuando finalmente llega a la vida cotidiana de la gente.
Por eso nuestro siguiente desafío será: que los beneficios de estos acuerdos lleguen a la población.
Que la cooperación internacional nos ayude a capturar criminales y desarticular organizaciones. Que las conversaciones sobre El Niño permitan proteger comunidades cuando lleguen las lluvias. Que la cooperación educativa termine llegando a nuestras escuelas. Que una reunión con inversionistas termine convirtiéndose en una empresa que abre sus puertas y contrata trabajadores peruanos.
Por eso regreso al Perú no solamente con acuerdos, sino con tareas.
Tenemos que transformar conversaciones en decisiones; decisiones en inversiones; inversiones en empleo; y cooperación internacional en mayor seguridad y oportunidades.
Quiero un Perú que vuelva a creer en sus posibilidades. Un país donde una familia pueda salir a la calle sin miedo, donde un joven encuentre razones para construir aquí su futuro y donde quien quiera invertir y trabajar sepa que encontrará estabilidad y reglas claras.
No será sencillo. Los problemas que enfrentamos son grandes y algunos vienen acumulándose desde hace demasiados años. Pero el Perú también ha demostrado muchas veces que puede levantarse frente a desafíos enormes.
Ese fue nuestro mensaje al mundo y ese debe ser ahora nuestro compromiso dentro del país: seguridad para vivir, confianza para invertir y oportunidades para crecer. ¡Al Perú nadie lo PARA!
Porque el verdadero resultado de este viaje no se verá en Nueva York. Se tendrá que ver aquí, en el Perú.