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Sábado 26 de Septiembre de 2026

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CULTURA

26 de septiembre de 2026

García Lorca siempre está volviendo, de los archivos inéditos que revitalizan su leyenda a 'La bola negra' camino al Oscar

A noventa años de su asesinato, el legado del poeta español se multiplica: una exposición de documentos, un epistolario familiar y la película premiada en Cannes y Toronto confirman su aura de mito

García Lorca siempre está volviendo, de los archivos inéditos que revitalizan su leyenda a 'La bola negra' camino al Oscar

Fuente: Netfan Servicios

Federico García Lorca continúa generando nuevas lecturas casi noventa años después de su asesinato. Así lo demuestran la exposición organizada a partir de nuevos documentos del archivo de la Fundación Federico García Lorca; las imágenes inéditas difundidas por RTVE; la publicación del epistolario No te olvides de escribir: La familia García Lorca en sus cartas, editado por Víctor Fernández, y la película premiada en Cannes y Toronto La bola negra, de Javier Calvo y Javier Ambrossi, recientemente elegida por España para representar al país en la categoría de Mejor película internacional en los Oscar.

La explicación no reside únicamente en la extraordinaria calidad de su obra. Lorca pertenece al canon, sí, pero también al imaginario colectivo. Su figura ha experimentado un proceso constante de resemantización: cada época ha seleccionado un Lorca diferente y lo ha incorporado a su propia idiosincrasia.

El mito no nació en 1936. Cuando fue asesinado, Lorca ya era una celebridad. El éxito del Romancero gitano, sus obras teatrales, La Barraca y su extraordinaria capacidad como comunicador habían creado alrededor del escritor una poderosa imagen pública. El propio poeta contribuyó a su "mitologización biográfica". Su carácter, sus recitales, sus interpretaciones al piano y los testimonios de amigos como Cernuda, Buñuel, Dalí o Alberti contribuyeron a proyectar la imagen de un artista magnético.

Pero Lorca participó también conscientemente en esa autofiguración, creando su propia "aura o máscara legendaria". A ella se superpusieron pronto otras imágenes: el Lorca del folclore y el duende, el "icono andaluz", el poeta identificado con una determinada idea de España y, gracias a sus viajes y vínculos americanos, una figura de dimensión panhispánica. Su faceta musical resulta especialmente reveladora: había estudiado piano y recopiló y armonizó canciones tradicionales que grabó en 1931 con La Argentinita. Esa dimensión musical tendría después una importancia inesperada en la pervivencia de su figura.

Su fusilamiento en agosto de 1936 convirtió la fama en leyenda. Lorca pasó a encarnar al intelectual víctima de la Guerra Civil y, fuera de España, exiliados, hispanistas y compañías teatrales mantuvieron viva su obra. Su teatro recorrió escenarios hispanoamericanos, franceses y británicos mientras dentro del país permanecía mudo.

En la década de 1960 este silencio comenzó a resquebrajarse: volvieron a los escenarios españoles Yerma y La zapatera prodigiosa; en 1962, Bodas de sangre, y, en 1964, La casa de Bernarda Alba. Era el comienzo de una recuperación que también parecía un intento de convertir a Lorca en elemento cohesionador de las "dos Españas". La música participó de ese proceso. En 1964, Los Pekenikes llevaron al lenguaje del pop "Los cuatro muleros", una canción tradicional que Lorca había recogido y armonizado décadas antes.

Y llegó 1966. El 6 de noviembre, el periódico ABC publicó un número homenaje en el que participaron, entre otros, José María Pemán, Edgar Neville, José Luis Cano, Gregorio Prieto, Guillermo Díaz-Plaja y un joven Ian Gibson.

Dentro del país comenzaba una particular recuperación. Edgar Neville definió la obra lorquiana ?no la figura? como un "bien nacional", situándolo por encima de partidos y disensiones. Un intento de incorporar a Lorca al patrimonio literario español mediante un discurso conciliador, algo que estudios posteriores han interpretado como una despolitización de su muerte. Los años sesenta muestran el comienzo de su recuperación pública y de su integración en el canon literario dentro de la propia España franquista.

La democracia permitió completar esa recuperación. Tras la muerte de Franco, el mito adquirió una dimensión abiertamente reivindicativa. El 5 de junio de 1976, entre 6.000 y 10.000 personas se reunieron en Fuente Vaqueros en el primer gran homenaje popular a Lorca, conocido como El cinco a las cinco. Organizado por la Comisión de los 33 ?con la presencia de una sola mujer, la escritora e investigadora Antonina Rodrigo?, el acto fue autorizado con fuertes restricciones y limitado inicialmente a treinta minutos. Reivindicar a Lorca significaba entonces algo más que recuperar a un escritor: su figura se convirtió en emblema de las libertades democráticas y de la memoria de quienes habían sido silenciados por la dictadura.

El gran momento llegó en 1986, cincuenta años después de su asesinato. El cincuentenario produjo exposiciones, congresos, publicaciones, recitales y espectáculos dentro y fuera de España y, el 29 de julio, abre al público, por primera vez, la Casa Natal de Federico García Lorca en Fuente Vaqueros.

El teatro volvió a resultar decisivo. Núria Espert recuperó en Madrid la Yerma que Víctor García había dirigido quince años antes; Lluís Pasqual estrenó Los caminos de Federico en el María Guerrero; y 5 Lorcas 5 reunió montajes de cinco directores. En Londres, Glenda Jackson interpretó a Bernarda Alba bajo la dirección de Espert. Y El público, la obra más rupturista de Lorca, se estrenó con lleno absoluto en el Piccolo Teatro de Milán antes de llegar triunfalmente a Madrid. 1986 supone el pleno reconocimiento de Lorca como clásico y la consolidación definitiva del mito.

La internacionalización añadió nuevas capas. Bodas de sangre, Yerma o La casa de Bernarda Alba forman parte del repertorio teatral mundial, mientras Poeta en Nueva York continúa traduciéndose y reinterpretándose.

También la música amplificó esa universalidad. Lorca está presente en artistas tan distintos como Camarón o el punk británico: The Clash evocó al poeta asesinado en "Spanish Bombs", y Leonard Cohen convirtió "Pequeño vals vienés" en "Take This Waltz" (1988). Más adelante, proyectos como De Granada a la Luna reunieron a músicos como Enrique Morente, Santiago Auserón, María del Mar Bonet o Amancio Prada en nuevas recreaciones del universo lorquiano.

A ello se han añadido las lecturas queer, especialmente relevantes en el ámbito anglosajón, que han recuperado el deseo y la homosexualidad como dimensiones sustanciales para comprender tanto determinados textos como la propia construcción cultural de la figura de Lorca.

Pero toda mitificación genera también su reverso. Junto a la reivindicación aparecieron voces disidentes que separan al hombre del símbolo. Investigaciones sobre su asesinato y libros como El caso Lorca, de Manuel Ayllón, muestran las tensiones que produce una biografía convertida en relato colectivo.

Ayllón cuestiona algunos relatos establecidos y sostiene que los restos del poeta pudieron ser exhumados y trasladados hasta Láchar. Su propuesta, basada en archivos y testimonios, pero formulada en un libro que combina novela, reportaje y ensayo, ha resultado controvertida: el propio autor advierte que "no es un ensayo histórico", sino "el desarrollo de una conjetura".

Aunque no conservamos ninguna grabación de la voz de Federico García Lorca, pocas voces siguen gritando más que la suya.

Los nuevos documentos del archivo, el epistolario familiar, las imágenes recuperadas por Manuel Menchón o una película como La bola negra no sustituyen al Lorca anterior: añaden nuevas capas. Nos permiten pasar del mártir al hombre, del icono al escritor y del personaje público a su intimidad y su deseo.

Los clásicos ingresan en el canon, solo algunos se convierten además en símbolos cuya interpretación permanece abierta. Lorca pertenece a esa categoría excepcional.

*Profesora de Literatura Española e Hispanoamericana, Universitat Rovira i Virgili.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.

[Fotos: archivo Infobae]

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