El presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, afirmó este viernes que su país quiere retomar el memorando de entendimiento alcanzado con Estados Unidos en junio, días después de asegurar que Teherán no se doblegaría ante Washington. El canciller iraní, Abbas Araghchi, confirmó por su parte que presentó a la Administración de Donald Trump un "plan específico" de siete días para reabrir el estrecho de Ormuz, tras meses de bloqueo derivados de la ofensiva lanzada por Estados Unidos e Israel a finales de febrero.
"Irán ha dejado clara su postura. Ha presentado a Estados Unidos, a través de Catar, un plan específico de siete días", declaró Araghchi a la prensa en Nueva York, en los márgenes de la Asamblea General de las Naciones Unidas. El ministro precisó: "La decisión está ahora en manos de Estados Unidos".
El plan de Irán para reabrir el estrecho de Ormuz contempla un cese de hostilidades de siete días que incluiría al Líbano, la liberación de activos iraníes congelados por al menos 12.000 millones de dólares, el levantamiento de sanciones sobre las exportaciones petroleras iraníes y el fin del bloqueo naval estadounidense. Al séptimo día, Teherán reabriría el estrecho y comenzarían negociaciones sobre el programa nuclear iraní, según reportes citados por Associated Press.
Araghchi explicó que "el plazo de siete días comenzará tan pronto como Estados Unidos acepte este plan. Por tanto, si aceptan el plan mañana, la cuenta atrás de siete días empezará mañana mismo". El canciller consideró que algunas medidas "pueden llevarse a cabo en un plazo de cuatro o cinco días", con lo cual el paso de Ormuz quedaría abierto el sexto día y las conversaciones sobre un acuerdo definitivo arrancarían el séptimo.
El ministro remarcó que las condiciones exigidas a Washington "no son nuevas", sino que "ya figuran en el memorando de entendimiento" de junio, y sostuvo: "Les aseguro que, si existe una voluntad seria por parte de Estados Unidos de llegar a un acuerdo y reabrir el estrecho de Ormuz, todo está ya preparado".
El estrecho de Ormuz, por donde transitaba antes de la guerra una quinta parte del petróleo y el gas comercializados en el mundo, se convirtió en la principal carta de presión de Irán frente a Estados Unidos. Su bloqueo generó consecuencias económicas que trascienden Medio Oriente y presionó políticamente al presidente Donald Trump y a su partido de cara a las elecciones legislativas de mitad de mandato de noviembre.
Araghchi también señaló: "Iran no acepta la coerción, las amenazas ni la intimidación, e Irán no renunciará a sus derechos soberanos bajo presión". Según el canciller, en las dos semanas posteriores a la firma del memorando de junio el tráfico marítimo por Ormuz había alcanzado "aproximadamente el 60% de su nivel previo a la guerra", antes de que "las posteriores medidas unilaterales de Estados Unidos y sus acciones militares" rompieran lo pactado.
Antes de la comparecencia de su canciller, Pezeshkian agradeció al presidente chino, Xi Jinping, su "apoyo reflexivo y responsable" para volver al memorando de entendimiento y resolver las diferencias mediante el diálogo. "Irán comparte este enfoque y subraya la importancia de volver a esa comprensión, honrar los compromisos ya acordados y crear las condiciones necesarias para que avancen negociaciones serias, sustantivas y orientadas a resultados", escribió el mandatario iraní en su cuenta de X.
El respaldo llegó apenas un día después de que Pezeshkian dijera a Fox News que Irán "no desea continuar" la guerra, aunque sostuvo que la decisión de ponerle fin corresponde a Washington. El miércoles, en un discurso ante la Asamblea General de la ONU, el mandatario había advertido que Irán no se doblegaría "de rodillas" ante Estados Unidos.
Consultado sobre el vínculo entre el bloqueo del estrecho y una posible represalia bélica, Araghchi acusó a Washington de haber optado por la vía militar en lugar de la diplomática: "En lugar de recurrir al mecanismo de solución de controversias previsto en el memorando, Estados Unidos optó por la agresión militar". El canciller agregó que estas experiencias "han generado una profunda desconfianza respecto a renovar las negociaciones sin garantías creíbles contra la repetición de tales acciones".
El ministro de Exteriores participó además en un encuentro con el enviado estadounidense Steve Witkoff y el yerno presidencial Jared Kushner en los márgenes de la Asamblea General, aunque el diálogo no arrojó resultados inmediatos. Medios estadounidenses, citando a un funcionario de ese país, aseguraron que Washington y Teherán mantienen conversaciones "constructivas". La Casa Blanca se limitó a señalar que sus funcionarios sostienen intercambios "positivos y constructivos" con los mediadores del conflicto y que Estados Unidos facilita exportaciones significativas de petróleo a través del estrecho de Ormuz.
La propuesta guarda fuerte similitud con el acuerdo alcanzado en junio, que colapsó poco después de su firma cuando Irán reanudó ataques contra embarcaciones en el estrecho, aunque el nuevo plan contempla un cronograma acelerado. Trump ha dicho que no tiene apuro por cerrar un acuerdo, pese a que los altos precios del petróleo alimentan la inflación en su país.
Arabia Saudita se mostró escéptica frente al nuevo impulso negociador de Araghchi, según una persona con conocimiento del asunto citada por Associated Press. El reino, junto con otros estados del Golfo, había abogado durante el verano boreal por un regreso a las negociaciones y podía aceptar un rol temporal de Irán en la gestión del estrecho de Ormuz. Ese cálculo cambió después de que los rebeldes hutíes, respaldados por Irán, se apoderaran de la costa estratégica de Yemen sobre el mar Rojo y un oleoducto saudí clave sufriera un ataque.
A comienzos de este mes, líderes del Golfo habían previsto reunirse en Omán para discutir un acuerdo emergente entre ese país e Irán sobre el estrecho de Ormuz, pero el encuentro se canceló después de que Arabia Saudita reclamara modificaciones que Teherán solo aceptó parcialmente. Araghchi se reunió además con su par saudí en los márgenes de la Asamblea General.
Puertas adentro, la dirigencia iraní muestra signos de fractura pese a proyectar unidad. El legislador Ebrahim Rezaei escribió en X que el solo hecho de reunirse con "el enemigo agresor" mostraba debilidad, mientras que la Asamblea de Expertos, el panel de clérigos chiitas que designa al líder supremo, sostuvo que "no hay otro camino que la resistencia".
El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Qalibaf, que se desempeñó como negociador jefe en conversaciones previas con Estados Unidos, reconoció públicamente la división interna: "Hay una visión que habla de guerra pero no ofrece perspectiva ni mecanismo para llevarla a una conclusión contundente. En el extremo opuesto hay una corriente que comete el error de subestimar las capacidades nacionales". Agregó que "el primer error mantiene al país en un estado de crisis permanente, mientras que el segundo entrega los recursos y la dignidad nacionales al enemigo".
Araghchi informó también este viernes que más de 5.000 personas murieron en Irán a lo largo de los casi siete meses de guerra con Estados Unidos e Israel. En la última señal de movimiento diplomático, Pezeshkian recibió el viernes por la mañana al primer ministro de Catar, país que ha actuado como mediador clave, incluso durante las conversaciones indirectas entre Irán y Estados Unidos esta semana en la sede de la ONU.