El aspecto más llamativo del hallazgo reside en los tatuajes. Los investigadores, liderados por la doctora Eliana Flores, identificaron dos tipos de diseños: en la mejilla derecha, tres líneas rectas y espaciadas que se extienden desde la boca hasta la oreja, y en la muñeca derecha, un motivo en forma de S. Ambos patrones resultan inéditos en el registro arqueológico andino.
El análisis de los tatuajes se realizó mediante técnicas avanzadas de imagen por infrarrojo y fotografía de alta resolución, lo que permitió distinguir detalles que a simple vista pasarían desapercibidos. Los investigadores observaron que algunos símbolos podrían asemejarse a motivos solares o formas serpentinas, aunque no se pudo establecer con certeza su significado.
Eliana Flores, coordinadora del estudio, subrayó la excepcionalidad de los tatuajes faciales: grabados en el rostro, estos trazos exhiben una maestría artística que sugiere un profundo valor cultural o espiritual. Flores destacó que la precisión y el detalle de los dibujos apuntan a una tradición artística sofisticada, poco documentada en la región andina preincaica.A pesar de los avances tecnológicos aplicados al análisis, el equipo de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos reconoció que el propósito exacto de los tatuajes permanece sin esclarecer. “No pueden ofrecer ninguna conclusión sobre el propósito o el significado de los tatuajesâ€, señala el artículo, aunque los investigadores sugieren que podrían haber funcionado como rito de paso, símbolo de estatus social o protección espiritual para el más allá.
El estudio de los pigmentos utilizados en los tatuajes reveló otro aspecto sorprendente. Los análisis químicos determinaron que la tinta se elaboró a partir de magnetita, un mineral de hierro (Fe₃Oâ‚„), y piroxenos, minerales de silicato. Esta combinación indica un conocimiento avanzado de materiales, comparable al que se asocia con tintas cosméticas modernas.La momia femenina fue enterrada en un fardo típico de la tradición andina, según los fragmentos textiles adheridos a la piel y la posición flexionada del cuerpo. Este tipo de sepultura era común en el periodo intermedio tardío, una época caracterizada por la diversidad cultural y la ausencia de un poder centralizado antes del auge del Imperio Inca.
La datación por radiocarbono sitúa la muerte de la mujer entre los siglos XIII y XIV, lo que la convierte en un testimonio directo de las costumbres y creencias de las sociedades andinas preincaicas.